El dolor abdominal en niños es una queja común en la pediatría, siendo casi tan frecuente como la tos, los mocos o la fiebre. Este dolor, que puede aparecer de repente y ser agudo, o bien manifestarse de forma crónica, continua o intermitente, es responsable de entre el 2% y el 4% de las visitas al pediatría y del 10% a los servicios de urgencia.
El abdomen, que se extiende desde el pecho hasta la cadera, contiene múltiples órganos como el estómago, el hígado, los intestinos y los órganos reproductores. Por lo tanto, el dolor abdominal puede ser el resultado de múltiples causas. Comprender bien los síntomas, las causas más comunes del dolor abdominal y cuándo se debe buscar ayuda médica puede ayudar a las familias a manejar una de las dolencias infantiles más comunes.
El dolor abdominal agudo de corta duración puede ser causado por una afección abdominal, siendo la gastroenteritis una de las más comunes. La gastroenteritis puede causar diarrea, vómitos y a veces fiebre. Sin embargo, el dolor abdominal también puede ser causado por enfermedades que no están directamente relacionadas con el abdomen, como intoxicaciones o infecciones como la amigdalitis o la neumonía, que a veces repercuten en el abdomen.
El dolor crónico, que dura varios días o semanas y puede ser intermitente, puede ser causado por una causa orgánica, es decir, una enfermedad o infección, como el reflujo, la úlcera, el estreñimiento, la celiaquía o las alergias alimentarias. Sin embargo, también puede ser causado por causas ‘funcionales’, es decir, sin que esté causado por un problema médico.
La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria advierte que los dolores por causa funcional «son reales, no imaginarios«, y pueden afectar la vida diaria y empeorar con el estrés o los cambios en la flora intestinal. Destaca el síndrome del intestino irritable, la migraña abdominal y el dolor abdominal funcional, que afecta a alrededor del 30% de los niños en edad escolar.
Para manejar el dolor abdominal en niños, es crucial prestar atención al estado general del niño, observar el dolor y tratar de determinar su ubicación exacta, si es continuo o intermitente, y si se alivia con el cambio de postura, la expulsión de gases o la defecación. No se debe forzar a los niños a comer si no tienen hambre, y se puede aliviar su dolor con masajes, aplicando calor, animándolos a defecar y asegurándose de que beban líquidos con frecuencia, aunque despacio, para evitar vómitos.
Si el dolor abdominal en niños aumenta con el tiempo y no muestra mejoría después de 24 horas, es recomendable solicitar una cita con el pediatra. También se debe buscar ayuda médica si el dolor va acompañado de dificultades para tragar, heces con sangre, blancas o negras, vómitos y diarrea, pérdida de peso y otros síntomas como dolor en las articulaciones, tos, molestias al orinar o lesiones en la boca.
Los pediatras aconsejan acudir a un servicio de urgencias si el dolor es continuo, muy localizado en el lado derecho del abdomen (lo que podría indicar apendicitis), si aumenta e interfiere con la actividad normal del niño, si el abdomen está tenso, duro o hinchado, si los vómitos son continuos, verdosos o con sangre y si hay deposiciones negras o con sangre. También es recomendable buscar atención médica de emergencia si el dolor abdominal es resultado de un golpe o traumatismo.
