Estas son las consecuencias del adelanto de la floración

Fenología, el estudio de cómo las estaciones del año influyen en los cambios de los seres vivos, está en auge. En particular, las plantas con flores son excelentes indicadores del comportamiento meteorológico anual y de los efectos del cambio climático.

Cada fase del ciclo vital de las plantas –brotación, foliación, floración, cambio de color de la hoja y caída de la hoja– es el resultado de la actividad de las hormonas vegetales. Estas sustancias son inducidas por el propio reloj biológico del vegetal y por factores ambientales, como la cantidad y calidad de la luz (fotoperíodo), la humedad relativa en la atmósfera y en el suelo y las temperaturas máximas y mínimas, en especial las extremas.

El calentamiento global en las últimas décadas ha alterado las condiciones meteorológicas consideradas como normales, introduciendo una gran incertidumbre en la temporalidad de las distintas fases del ciclo vital de las plantas. Esto puede causar retrasos, adelantos o comportamientos impredecibles.

Las flores son órganos de una arquitectura compleja cuya formación requiere un elevado aporte de sustancias y energía. El calentamiento global está aumentando la duración de la estación seca en climas mediterráneos, lo que adelanta el período previo primaveral, de mayor humedad y temperaturas más moderadas, condiciones favorables para la floración.

Este cambio climático ha llevado a que algunas especies hayan adelantado la apertura de las flores. Este cambio tiene diferentes consecuencias sobre la biodiversidad, los ecosistemas y los servicios que estos prestan.

Este anticipo a meses que aún son proclives a extremos climáticos, como pueden ser heladas o tormentas de granizo, ponen en riesgo la continuidad en la formación de frutos y semillas. La falta de sincronización entre la producción floral y la eclosión de insectos, claves en la polinización, merma en un porcentaje importante la producción de las simientes, lo que supone una disminución de la nueva generación filial.

La fuente nutricional de frutos y semillas es la base del armazón alimentario que sustenta los ecosistemas. El descenso en el flujo de materia y energía los hace más vulnerables a impactos, como la pérdida de biodiversidad o la incorporación de especies exóticas invasoras.

Son importantes las consecuencias socioeconómicas que este adelanto tiene sobre los servicios de aprovisionamiento, como son la calidad, cantidad y costes de la producción agrícola. En especial los frutales de la familia de las rosáceas, como son almendros, cerezos, ciruelos y perales, bajan su productividad o generan frutos de peor calidad cuando se produce un adelanto de la floración.

La calidad del aire también se ve alterada por la floración temprana de muchas plantas. El polen del olivo, de las gramíneas y del plátano de sombra afectan a gran parte de la población con alergias, lo que supone grandes pérdidas socioeconómicas a la vez que un deterioro en la salud.

Las grandes praderas de la región del Cabo, en Sudáfrica, de una extraordinaria diversidad cromática, son un buen ejemplo de cómo la floración es un gran atractivo turístico. Otros ejemplos del valor cultural de la floración son el Hanami de los cerezos en Japón, vinculado a ricas tradiciones, y los cerezos del Valle del Jerte.

Las predicciones climáticas para el resto de este siglo generan incertidumbres en el comportamiento de las plantas. El aumento de temperaturas extremas, las olas de calor y las noches cálidas en la estación primaveral pueden provocar graves alteraciones en la época de floración.

Como ha ocurrido a lo largo de la historia de la biodiversidad, algunas especies vegetales podrán adaptar su reloj biológico a la nueva distribución anual de las estaciones. En otras, por el contrario, la disminución de su productividad las conducirá a una modificación de sus áreas de distribución o incluso a la desaparición local.