El 27 de septiembre de 1936, en la ciudad española de Cáceres, el entonces dictador Francisco Franco se autoproclamó Caudillo de España, un título que lo acompañó durante casi cuatro décadas, hasta su muerte. El término «Caudillo», según David Porrinas, doctor en Historia por la Universidad de Extremadura y especialista en Historia Medieval, es un título medieval que venía fijado en las Partidas de Alfonso X el Sabio y, por tanto, resulta un anacronismo que se utilizara en pleno siglo XX.
Porrinas revela que Franco, al igual que otros dictadores de su tiempo, fue hábil en moldear conceptos que tenían sus raíces en la Reconquista, para «dotar de ideología a un movimiento». Según el historiador, Franco veía en la lucha de siglos contra un enemigo de otra religión un fundamento sólido para la nación.
Esta visión de Franco y su uso del término «Reconquista» es solo la punta del iceberg de un nuevo ensayo coordinado por Porrinas titulado ‘¡Reconquista! ¿Reconquista? Reconquista’ (Desperta Ferro). En este libro, varios expertos analizan este concepto y su controversia. En el centro del debate se encuentra el origen de España y cuándo puede comenzarse a hablar de él.
Según Porrinas, la exaltación de la Reconquista y la idea de España ya venía de los historiadores que escribían historia de España en la segunda mitad del siglo XIX. Fue durante esa época cuando empezaron a articularse los estados nación europeos y se buscaron señas de identidad como pueblo en la Edad Media. El romanticismo del siglo XIX se mezcló con el patriotismo y el nacionalismo, así como con la identidad religiosa. Franco, viendo el potencial de este cóctel, lo utilizó para dar solidez a su movimiento.
El franquismo, según Porrinas, no tenía ideología política y se nutrió de ese tipo de esencialismo y de las máximas de la Falange de José Antonio Primo de Rivera para dar solidez a su movimiento. Franco adornó todas las premisas decimonónicas con esa visión de un pasado heroico y se limitó a comparar a los republicanos con los musulmanes, llegando incluso a denominar el conflicto como una ‘Cruzada’ contra el enemigo rojo.
El uso de la idea de Reconquista y todo lo que la rodeaba resultó ser una inyección de ideología revitalizadora para la dictadura. Porrinas nos dice que Franco asumió esa retórica y comenzó a comparar a su ejército con el Cid, con don Pelayo y otros héroes de la Reconquista. Este tipo de propaganda, aunque simplona, tuvo un gran impacto en la población.
Uno de los casos más claros de esta apropiación y exacerbación de la Edad Media fue el título de Caudillo. Según las Partidas de Alfonso X el Sabio, este título se refiere a un líder militar o un «guiador de huestes». Este ordenamiento jurídico fue compuesto por el monarca para dar homogeneidad a las leyes que estaban dispersas en la Edad Media.
En la obra, los expertos analizan los argumentos a favor y en contra de la idea de Reconquista. Según Porrinas, los críticos afirman que el concepto es minimalista y reduccionista porque no explica la realidad compleja que había en la Edad Media, donde no solo hubo lucha entre cristianos y musulmanes, sino también enfrentamientos entre los reinos peninsulares y alianzas entre monarcas cristianos y musulmanes.
Por otro lado, hay expertos que sostienen que la Reconquista fue un hecho palpable y que existió una ideología de guerra perfectamente identificada en la Edad Media, tanto en la propaganda legitimadora de los reyes cristianos como en los textos de los autores musulmanes. La idea de que los líderes cristianos estaban recuperando un territorio que les había pertenecido es evidente en estos textos, aunque la palabra «Reconquista» no existía en ese momento, sino que apareció en el siglo XVII en España y se extendió entre los siglos XVIII y XIX.
