El pasado viernes, París sufrió el horror y el pánico a raíz de una serie de atentados terroristas perpetrados por el Estado Islámico. Mientras la ciudad se sumía en el terror y la confusión, la mayoría de las televisiones privadas españolas optaron por mantener su programación regular, en su mayoría de entretenimiento, en lugar de informar sobre lo que estaba sucediendo en la capital francesa. Sólo el canal público 24 Horas y la privada 13TV comprendieron la gravedad de la situación y proporcionaron una cobertura informativa oportuna.
Por otro lado, las principales emisoras de radio, fieles a su compromiso con la información, estuvieron al tanto de los acontecimientos y transmitieron a sus oyentes los detalles de lo que estaba sucediendo. Además, gracias a Internet, las redes sociales y los medios digitales, la gente pudo estar al tanto de cómo se desarrollaba la trágica situación producto de la barbarie terrorista.
Sin embargo, el domingo todos los medios de comunicación se unieron a la cobertura y enviaron a sus principales reporteros para transmitir sus programas en directo desde París. Fue entonces cuando se produjo un incidente que ha generado polémica y ha encendido las redes sociales.
El periodista Carlos Herrera, director del programa matinal ‘Herrera en COPE’, se tomó una selfie delante del sala de conciertos Bataclan, uno de los lugares donde se vivieron momentos de terror y muerte. En dicha selfie, Herrera intenta poner una cara de compungido frente a cientos de velas, ramos de flores y mensajes de duelo, en un gesto que ha sido criticado por muchos.
La crítica principal es que un profesional de la información no debe buscar ser el protagonista de la noticia. La mayoría considera que una tragedia como la ocurrida en París no es el momento para una selfie ni para buscar protagonismo. Al observar solo la expresión del periodista en la foto, algunos sostienen que podría parecer que estaba en un lugar de entretenimiento en lugar de informar sobre un hecho tan grave.
Ante situaciones tan graves como las vividas en París, la población necesita y demanda información veraz y contrastada, no espectáculos mediáticos de dudoso gusto y de nulo interés informativo. El deber de los medios de comunicación y de los periodistas es proporcionar información objetiva y precisa, y no buscar ser el centro de atención en medio de la tragedia.
Este incidente pone de manifiesto la necesidad de una ética periodística sólida en tiempos de crisis. Los medios de comunicación tienen la responsabilidad de informar de manera precisa y respetuosa, evitando convertir el sufrimiento de las personas en un espectáculo para ganar audiencia. En este sentido, el caso de Carlos Herrera sirve como un recordatorio de lo que no se debe hacer en el ejercicio de la profesión periodística.
