Samuel Lino intenta escaparse de un rival.

En el mundo del fútbol, hay momentos en los que el objetivo es evitar que ocurra cualquier cosa. Paradojicamente, estas ocasiones pueden resultar en el mejor resultado posible. Bajo esta premisa de «destruir para sobrevivir», el Atlético de Madrid se enfrentó al Inter de Milán en el estadio Giuseppe Meazza, un equipo que domina la Serie A italiana con autoridad y que hasta ahora había sido un huracán en su propio estadio.

Anticipándose al partido, Griezmann, un jugador conocido por su franqueza, advirtió que «el que vea el partido se va a aburrir un poquito». Esta declaración demostró ser una predicción bastante precisa ya que el Atlético de Madrid viajó a Milán con el objetivo de asegurarse de que no ocurriera nada trascendental. Estuvieron muy cerca de conseguir un empate sin goles, un resultado que hubiera sido muy valioso para ellos. Sin embargo, un gol solitario de Arnautovic impidió que esto sucediera, dejando la eliminatoria abierta para el partido de vuelta que se disputará el 13 de marzo en el Metropolitano.

El entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone, suele repetir que en las eliminatorias, especialmente en las de la Champions League, se juega un solo partido de 180 minutos, no dos de 90. Este fue un encuentro en el que la táctica y el miedo a perder se impusieron sobre la búsqueda de una victoria parcial. Simeone anticipó que este sería un «partido de duelos», en el que el equipo que ganara más en ese aspecto estaría más cerca de la victoria. Sin duda, este hubiera sido el tipo de partido que le hubiera gustado disputar como jugador en lugar de desde el banquillo.

A pesar de la tensión, ninguno de los dos equipos evitó la batalla. Con Saúl en el centro del campo y Marcos Llorente en la punta del ataque, el Atlético de Madrid salió al césped del Giuseppe Meazza concentrado y decidido a no dar ninguna ventaja al Inter. Su estrategia de juego ordenado y de contragolpes logró neutralizar el ímpetu inicial del Inter.

El Atlético de Madrid tuvo la primera oportunidad de gol con una incursión de Lino por la banda izquierda que no logró convertir Llorente. Sin embargo, después de este buen inicio, el dominio del juego pasó gradualmente al Inter, que se adueñó de la posesión del balón y pudo haberse adelantado en el marcador gracias a un par de errores del Atlético en la salida del balón. Fue Witsel, omnipresente y rejuvenecido como defensa central, quien evitó que Thuram y Lautaro pusieran en ventaja al Inter.

La segunda mitad del partido comenzó con cambios en ambos equipos. Thuram, quizás el jugador más peligroso del Inter en la primera mitad, fue reemplazado por Arnautovic. Por parte del Atlético, Giménez tuvo que ser sustituido por Savic debido a una lesión. Estos cambios alteraron el ritmo del partido y dieron lugar a los minutos más abiertos del encuentro, en los que el Inter demostró por qué es el actual subcampeón de Europa.

El Inter tuvo un par de oportunidades claras para adelantarse en el marcador, pero Arnautovic no logró convertir en ambas ocasiones. Para tratar de dar un respiro al equipo, Simeone introdujo a Reinildo en lugar de Mario Hermoso y a Morata, quien se había lesionado una semana antes en Sevilla.

En el intento de resistir las crecientes acometidas del Inter, Morata no pudo hacer mucho y se unió a sus compañeros en la defensa. El Inter finalmente encontró su recompensa a diez minutos del final gracias a un grave error entre De Paul y Reinildo.

En una jugada que parecía inofensiva, ni De Paul ni Reinildo fueron lo suficientemente contundentes, dejando a Lautaro solo frente a Oblak. Aunque Oblak logró detener el primer intento, no pudo hacer nada para evitar el gol de Arnautovic en la segunda oportunidad, dejando el marcador 1-0 a favor del Inter y la eliminatoria abierta para el partido de vuelta.