Ubicada a 45 kilómetros de la costa de Bélgica, la isla Princess Elisabeth está emergiendo como una entidad poderosa. Aunque se le conoce como una isla debido a su forma y ubicación marítima, es, en realidad, un gran centro de transformadores de parques eólicos que un proyecto europeo aspira a convertir en una construcción respetuosa con el océano. Una vez finalizada, será la mayor infraestructura civil construida en alta mar en Europa. Y, por si fuera poco, tendrá una huella catalana. La empresa Ocean Ecostructures ha obtenido el contrato para instalar 500 placas de arrecife artificial en la parte submarina de la estructura con el objetivo de regenerar el ecosistema del lugar.
Este logro es motivo de orgullo para el cofundador y consejero delegado de la empresa, Ignasi Ferrer. La participación en este proyecto global de gran repercusión implicará una inversión de 1,2 millones de euros para la empresa. Sin embargo, la inversión va más allá de lo financiero. Esperan ganar «credibilidad, visibilidad y prestigio» y, lo más importante, hacer un avance significativo en su objetivo de compensar la huella humana en el universo marítimo.
La solución de Ocean Ecostructures
Ocean Ecostructures ha desarrollado una solución innovadora que incluye un arrecife biomimético, un arrecife artificial que imita con precisión las cualidades del arrecife natural y multiplica sus efectos beneficiosos en el mar. Pero la solución va más allá, con monitorización robótica y analítica de datos para proporcionar al cliente la mayor cantidad de información posible.
La empresa ha trabajado con los puertos de Barcelona, Tarragona y Mallorca, entre otros. Han logrado regenerar casi 60 especies marinas diferentes en una sola pared de puerto y tienen instaladas 165 unidades con unas 800 más en camino. Ahora están dando el salto internacional al participar en este proyecto europeo que busca reducir el impacto medioambiental de una plataforma muy invasiva con el ecosistema donde se instala. En esta plataforma se conectarán todos los molinos eólicos marinos de la zona para que salga un único cable para cada uno de los países que se alimentan de ellos.
Según Ferrer, la empresa nació de la creciente tendencia de transformación de las infraestructuras. Con su tecnología, son capaces de dar una nueva funcionalidad y un nuevo rol ambiental a estas infraestructuras. Sus capacidades, incluyendo el material con el que trabajan, sus análisis y simulaciones, la adaptabilidad de sus unidades a casi cualquier tipo de plataforma y su capacidad para escalar la fabricación, son factores clave que les han permitido ganar este proyecto.
Se espera que la isla Princess Elisabeth entre en funcionamiento en 2026. Mientras tanto, Ocean Ecostructures ya tiene proyectos nacionales e internacionales que están a punto de ser firmados. Aunque no pueden dar más detalles al respecto, planean aumentar su plantilla de 18 a 21 personas para septiembre y cerrar una ronda de financiación a finales del próximo año para seguir creciendo.
