Lorenza Bermejo, enferma de leucemia y de la enfermedad de injerto contra receptor (EIRC) crónica

Leucemia, trasplante de médula y la enfermedad injerto contra receptor: Una historia de resistencia y optimismo

Lorenza Bermejo, una mujer de 70 años, desborda optimismo y alegría de vivir. A pesar de haber sido diagnosticada con leucemia hace seis años y haber sufrido una serie de complicaciones después de un trasplante de médula, su sonrisa permanece inalterable.

Lorenza es una de las miles de personas que cada año se enfrentan a un diagnóstico de leucemia, un tipo de cáncer que comienza en las células de la médula ósea. Al igual que muchas de ellas, Lorenza necesitó un trasplante de médula para tratar su enfermedad. Sin embargo, después del procedimiento, sufrió una complicación llamada enfermedad injerto contra receptor, un fenómeno en el que las células madre del donante reconocen al paciente como extraño y “atacan” sus órganos o tejidos sanos.

Enfermedad injerto contra receptor: El ataque de las células madre

En el caso de Lorenza, la enfermedad ‘atacó’ a sus músculos y articulaciones. «Lo pasé muy mal, me quedé dura como una piedra, como envasada al vacío, solo había piel y hueso. He estado muy mal, pero me dieron tratamiento y ahora estoy bien. Todo se pasa”, explica sin dejar de sonreír.

La enfermedad injerto contra receptor (EICR) es una complicación bastante desconocida pero que afecta al 50% de los pacientes que se someten a un trasplante de médula ósea con células madres procedentes de un donante. No se trata de que el enfermo “rechace” el trasplante, como se denomina coloquialmente cuando el sistema inmune del receptor ataca al órgano sólido trasplantado, como un riñón, sino que ocurre al revés, las células madres del donante, que constituyen su nuevo sistema inmune, identifican al receptor como un ente extraño y le atacan en diferentes formas e intensidad.

La EICR puede ocurrir de forma aguda y rápida, habitualmente en los tres primeros meses posteriores al trasplante y que los órganos que se vean afectados sean la piel, el tracto gastrointestinal y el hígado. O de forma crónica (entre tres meses y 2 años después de la intervención) y con afectación en la piel, los ojos, la boca, los pulmones, el hígado y las articulaciones. No suele poner en riesgo la vida del paciente, pero impacta en su calidad de vida.

La lucha de Lorenza: Tratamiento, tacones y sonrisas

“Con el rechazo [al trasplante] lo he pasado mal y bien, pero ahora estoy bien. No me privo de nada. Me pongo los tacones y se me olvida la enfermedad”, relata a EL PERIÓDICO en el marco de unas jornadas organizadas por la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia (SEHH).

Cuando le dijeron que tenía leucemia, Lorenza reconoce que se le puso “la tensión por las nubes”, en seguida lo asumió porque pensó «ya me curarán” y porque su lema es “solo se muere una vez, qué más da unos años antes o después”.

También admite que “lo pasó muy mal con la quimioterapia” y se quedó “como un trapo” pero vuelve rápido al mensaje positivo al señalar que “hay que echarle valor a la vida y vivirla”. “Se me ha caído el pelo dos veces y no por eso he dejado de ir a ningún sitio”, relata.

La experiencia de Lorenza es un testimonio de resistencia y optimismo en medio de las adversidades de la enfermedad. Pero también plantea la pregunta: ¿Cómo podemos mejorar la detección y el tratamiento de la leucemia y las complicaciones asociadas con el trasplante de médula? ¿Cómo podemos garantizar que más personas puedan vivir, como Lorenza, con una sonrisa en el rostro a pesar de la enfermedad?