La ciudad de Barcelona es el hogar del MareNostrum 5, un superordenador de corte internacional que se encuentra entre los más poderosos del mundo. Esta asombrosa máquina ha sido apodada por el presidente Pedro Sánchez como un instrumento capaz de transformar a la región de Catalunya en la «capital científica de Europa». Este proyecto de gran envergadura, impulsado por el Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS), tiene como objetivo proporcionar respuestas a algunas de las preguntas más desafiantes de la humanidad, incluyendo el cambio climático y la cura para enfermedades tan devastadoras como el cáncer.
La historia del superordenador y la propia supercomputación en España no pueden entenderse sin la influencia de Mateo Valero. Este ingeniero de telecomunicaciones originario de Alfamén (Aragón) se mudó a Barcelona en 1974 con la intención de estudiar matemáticas. En la capital catalana, Valero logró convertirse en el primer catedrático de arquitectura computacional, liderando el recién creado departamento de la Facultad de Informática y enseñando a construir ordenadores.
«España nunca ha sido un país que ame la ciencia«, declara Valero. Sin embargo, el ingreso del país a la Unión Europea fue trascendental, ya que permitió acceder a recursos, colaborar con instituciones de renombre y dar un salto significativo en la ciencia y tecnología.
Desde la inauguración oficial del BSC en 2005, el centro ha albergado superordenadores cada vez más rápidos y potentes. El último de ellos, el MareNostrum 5, puede procesar hasta 314.000 billones de cálculos por segundo. «La potencia de cálculo ha permitido que la inteligencia artificial salga del armario y empiece a hacer cosas que son incomprensibles incluso para quienes nos dedicamos a esto», señala Valero.
El superordenador actúa tanto como un microscopio como un telescopio, permitiendo a los investigadores observar lo que hasta ahora había permanecido invisible. El MareNostrum puede crear réplicas de la Tierra para anticiparse al cambio climático, y también descubrir cómo funciona el genoma humano.
En una era de análisis masivo de datos, la ética de la IA es un aspecto crucial. Según Valero, es «tan o más importante que la parte técnica».
El BSC tiene la ambiciosa misión de diseñar y fabricar en casa microchips competitivos y de altas prestaciones, un logro que ayudaría a garantizar la tan ansiada soberanía tecnológica de la UE.
Mirando hacia el futuro, el BSC ilustra el salto tecnológico de las dos últimas décadas. Sin embargo, la tendencia histórica conocida como la Ley de Moore parece llegar a su fin. Ante este desafío, Valero sólo ve dos posibles soluciones: utilizar nuevos materiales como el grafeno en lugar del silicio, o especializar los superordenadores en tareas concretas.
Además, el MareNostrum 5 alberga los dos primeros ordenadores cuánticos de España, lo que podría suponer una revolución en la investigación y el conocimiento.
Valero es optimista y tiene grandes sueños para el BSC. Entre sus deseos se encuentra que la institución obtenga más recursos «para promocionar la ciencia» en España, que la investigación científica sea reconocida «como el único instrumento que tenemos para avanzar», y que se atraiga y forme talento. «Sin optimismo y sin sueños no vas a ningún lado», asegura. «Con sueños a lo mejor tampoco, pero sin ellos seguro que no».
