Sánchez busca trasladar a Ceuta el coste de la crisis

Tras regresar de un mes de vacaciones, Pedro Sánchez mantiene, según el análisis, una conducta errática. Mientras trata de proyectar una imagen cercana, cordial y empática mediante una intensa ronda de entrevistas en medios afines para mejorar su percepción pública, ante interlocutores menos complacientes aflora una actitud descrita como autoritaria y altiva.

La respuesta «eso pregúntaselo a Vivas», con la que el presidente contestó ayer en los pasillos del Congreso a las preguntas sobre los varios miles de menores marroquíes presentes en Ceuta, se equipara al «si quieren ayuda, que la pidan» pronunciado durante la DANA. Para el autor, la frase evidencia la incomodidad de Sánchez ante una crisis que le ha desbordado y su intención de encontrar a quien atribuir la responsabilidad política y, si fuera necesario, penal.

Ese responsable podría ser el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, o el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, a quien la jueza estaría cerca de citar como investigado. El texto sostiene que a Sánchez le resulta indiferente que el coste recaiga sobre un dirigente socialista o del PP, siempre que pueda localizar un equivalente ceutí de Carlos Mazón y presentar la situación como una crisis migratoria estrictamente local.

La estrategia pasaría por vincular lo ocurrido a la gestión, los errores, la supuesta mala fe de las autoridades ceutíes o a las particularidades geográficas de la ciudad autónoma, sin atribuir responsabilidades a la actuación o la falta de actuación del Gobierno de España.

Sin embargo, esa línea de defensa comenzaría a mostrar fisuras. El artículo señala varias muestras de malestar dentro del entorno socialista: la dimisión del jefe de gabinete de la Delegación del Gobierno en Ceuta para evitar responder ante un tribunal por el relato de Moncloa; la postura crítica de la ministra Margarita Robles; el descontento en el Ejecutivo con el director del Gabinete de Presidencia, Diego Rubio, por su gestión de la crisis; y las voces de cargos socialistas que apuntan directamente al presidente, una información desvelada por Raúl Piña en este diario.

La crisis de Ceuta supone así un problema para un presidente que había conseguido configurar al PSOE y al Ejecutivo como un bloque sin fracturas a su alrededor. La falta de una salida rápida y sencilla para la situación habría afectado a los fundamentos del sanchismo.

En paralelo, tampoco estaría dando resultado el intento de restar trascendencia geopolítica a la operación marroquí de «zona gris». Antes de la votación de hoy en la Eurocámara sobre una resolución relativa a Ceuta, y con el lobby marroquí activo en Bruselas y buscando el respaldo de los socialistas, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se dirigió al pueblo español para afirmar que «Ceuta es España y España es Europa».

Para el autor, esas palabras representan un contratiempo para Sánchez porque sitúan la crisis en un marco internacional y europeo, en lugar de reducirla a un asunto local ceutí cuya responsabilidad pueda recaer en una figura equivalente a Carlos Mazón.