En los últimos meses, la empresa inmobiliaria del IBEX 35, Colonial, ha sido objeto de un frenesí de movimientos accionarios. A pesar de ajustar el valor de su cartera en un 9%, depreciándola en 1.157 millones de euros debido a la subida de los tipos de interés, la empresa ha mostrado mejoras en los resultados operativos con respecto al año anterior. Con una alta ocupación en sus edificios, Colonial ha logrado el mayor beneficio recurrente de su historia y tiene planes de seguir aumentando su dividendo.
No obstante, la cotización de Colonial está en una tendencia a la baja, con precios similares a los que el mercado la valoraba entre 2014 y 2017, después del estallido de la burbuja inmobiliaria. Esta situación llevó al rescate y recapitalización de la empresa.
A pesar del desafiante contexto bursátil, varios inversores institucionales han estado comprando acciones de Colonial de forma masiva en los últimos meses. En marzo de 2022, el vehículo de inversión de la familia Puig declaró tener el 3% del capital, posición que amplió hasta casi el 7,4% en mayo de 2023, y que ha seguido aumentando hasta el actual 8%. En agosto del pasado año, la Corporación Financiera Alba, el brazo inversor de la familia March, adquirió el 3% de la inmobiliaria, llegando al 5% a finales de año. Por último, la Fundación La Caixa ha incrementado su participación en Colonial en 2024 a un 3%, después de diez años sin comprar ni una sola acción.
Actualmente, aproximadamente el 65% del accionariado de Colonial, liderado por Pere Viñolas y presidido por Juan José Brugera, está controlado por inversores institucionales que realizan inversiones a largo plazo. Entre ellos se encuentran el fondo soberano de Catar con el 19%, seguido por el empresario mexicano Carlos Fernández González (14,8%) y el colombiano Alejandro Santo Domingo (7,1%). Otros inversores significativos incluyen a BlackRock y Crédit Agricole.
Entonces, ¿por qué los inversores institucionales están comprando acciones de Colonial? Hay varias razones. La primera es que el precio de cotización actual no refleja el verdadero valor de los activos de la compañía. Según los resultados anuales de 2023, los inmuebles de la compañía, restados su deuda, se sitúan en 9,95 euros por acción, en comparación con los 5-5,5 euros a los que cotiza. Esto representa un descuento bursátil del 50% con respecto a su valor en el mercado inmobiliario.
En segundo lugar, la rentabilidad de la compañía, entendida como el dividendo que reparte sobre el precio de cotización, oscila entre el 4,9% y el 5,4%, dependiendo del precio exacto de la acción en bolsa. Esto es superior al retorno que ofrece comprar un edificio de primera calidad en el centro de Madrid o Barcelona, que se sitúa entre el 4,75% y el 4,9%.
Además, la mayoría de los inmuebles de Colonial se ubican en lo que se denomina prime o cbd («central business district»), equivalentes al centro de la ciudad. Estos activos son los que menos caída de valor sufren en las crisis y los primeros en recuperarse cuando se recupera la tendencia alcista.
En este contexto, Colonial dispone de una liquidez financiera que cifran en 2.857 millones de euros, similar a la capitalización de la empresa, situada ligeramente por encima de los 2.900 millones. Esto indica que la empresa tiene un gran potencial para invertir en activos individuales, carteras de inmuebles o compañías.
Finalmente, el equipo gestor de Colonial ha mostrado interés en expandir la empresa a otras geografías. Juan José Brugera, su presidente, ha sugerido que la empresa podría duplicar su tamaño en 10 o 15 años, con oficinas en países como Alemania e Italia. En resumen, el mercado de capitales y de operaciones inmobiliarias está despertando, y Colonial podría estar en posición compradora en los próximos meses.
