El equilibrio entre ser una compañía familiar y al mismo tiempo estar sujeta a la responsabilidad del mercado, es uno de los aspectos que el presidente ejecutivo de Puig, Marc Puig, considera clave para competir en el mercado internacional de la belleza. Alinearse con las mejores compañías familiares del sector de la belleza premium a escala mundial, atraer y retener talento, y respaldar la estrategia de crecimiento de sus marcas son algunos de los beneficios que Puig espera de su reciente cotización en bolsa.
Esta decisión estratégica permitirá a Puig ingresar alrededor de 3.000 millones, con una parte destinada para la compañía (1.260 millones) y otra para los propietarios (1.360 millones). Estos fondos están destinados a financiar el crecimiento de la compañía, en particular, a través de adquisiciones. Entre estas se destaca la compra de la firma británica Charlotte Tilbury en 2020 por más de 1.000 millones de dólares, la mayor adquisición en la historia del grupo centenario.
Refinanciar el coste de los dividendos (160 millones con cargo al ejercicio de 2023) y reducir parte de su deuda no corriente, que a 31 de enero ascendía a 279 millones de euros, son otros de los objetivos que busca alcanzar Puig con su cotización en bolsa. La deuda financiera total ascendía a la misma fecha a un total de 1.535 millones de euros. El grupo prevé destinar a remunerar a los accionistas el 40% del resultado.
Según analistas, la entrada de Puig al mercado de renta variable ofrece una referencia de precio que resuelve el problema de liquidez para los accionistas familiares que quieran vender. Facilita el relevo a medida que se amplía el número de generaciones propietarias. Sin embargo, Puig ha decidido que la cuarta generación no se dedicará a la gestión de la compañía. Esta decisión también busca consolidar la profesionalización de la compañía, proceso que Puig ya inició hace años.
La familia propietaria busca combinar la obtención de recursos con una valoración de salida de la compañía de 13.900 millones de euros, con retener el control y evitar posibles entradas no deseadas en el capital por parte de terceros u ofertas de adquisición no previstas. Por ello, la colocación para inversores cualificados, entre ellos el brazo inversor de La Caixa, Criteria, es con acciones B, que tienen un solo derecho de voto por título. La parte que retiene la propiedad es en acciones A, que tienen cinco veces más derechos de voto. Tras la cotización en bolsa, los Puig conservarán el 71,7% del capital, pero contarán con el 92,5% de los derechos de voto.
El sector de belleza, en el que opera Puig, es muy atractivo. Según la compañía, este sector, que incluye desde el cuidado de la piel y el pelo a las fragancias y el maquillaje, alcanzó en 2022 un total de 422.000 millones de dólares en ventas que se espera lleguen a 562.000 millones en 2027, lo que supone un crecimiento anual compuesto del 6%.
Puig es una compañía muy internacionalizada y opera en un sector que se asimila al lujo y que se paga bien. Cuenta con marcas como Paco Rabanne, Carolina Herrera, Jean Paul Gaultier, Nina Ricci, Dries Van Noten, Penhaligon’s y L’Artisan Parfumeur, entre otras. Tras registrar las primeras pérdidas de su historia en el ejercicio de 2020 por el covid (-72 millones), Puig recuperó su tendencia al alza. El beneficio neto pasó de 221 millones en 2021 a 465,2 millones en 2023, lo que supone un alza del 45% en dos años.
Los Puig, de los que en la actualidad existen 14 primos de cuatro ramas, tienen participaciones en varias empresas como Adolfo Domíguez (14,8%), Colonial (7,37%), Fluidra (7%), Flamagás (productor de los encendedores Zippo), los lápices de colores Alpino, Isdin (donde comparten sociedad con los Esteve, propietarios de la farmacéutica del mismo nombre, al 50% o el 25% de Lonia, la segunda compañía textil de Galicia, propietaria de marcas como Carolina Herrera y Purificación García.
