¿Por qué la Falange quiso asesinar a Franco tras la Guerra Civil? Un camino de odios y traiciones

La relación entre Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, dos figuras políticas claves en la historia reciente de España, nunca fue fácil. Su rivalidad comenzó durante la Segunda República y no terminó ni siquiera con la ejecución de Primo de Rivera por rebelión militar. A partir de ese momento, Franco intentó apropiarse de los pilares ideológicos de Falange, el grupo político de Primo de Rivera, pero siempre hubo resistencia a su ascenso al poder.

El hecho más significativo de esta rivalidad política fue el intento de Franco de tomar el control de Falange tras la ejecución de Primo de Rivera. En abril de 1937, Franco decretó que las principales organizaciones políticas que luchaban contra la República – falangistas y carlistas – se unirían en un único partido llamado Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FE y de las JONS). Su objetivo, según argumentó, era acabar con las luchas internas y centralizar el poder en su persona.

Sin embargo, esta unificación provocó una serie de problemas. Muchos falangistas se opusieron a la fusión de los dos partidos, argumentando que esto acabaría con la esencia original de la organización. Uno de los principales opositores fue Manuel Hedilla, el sucesor de Primo de Rivera. Aunque algunos historiadores, como el hispanista Herbert Rutledge Southworth, sostienen que Hedilla estaba a favor del decreto de Franco, pero con ciertas reservas.

La dirección de Falange y Hedilla se sintieron ultrajados cuando Franco los marginó en la toma de decisiones. En lugar de ser cautelosos, desafiaron directamente al dictador. En respuesta, Franco ordenó la detención de Hedilla y el procesamiento de 600 de sus seguidores.

Esto llevó a la creación de una Falange clandestina, llamada Falange Autónoma, que se dedicó a luchar contra Franco. De hecho, dos miembros de esta organización clandestina idearon un plan para asesinar a Franco en marzo de 1941. Sin embargo, el plan fue finalmente rechazado por miedo a una invasión nazi y a la liquidación de Falange Auténtica.

A pesar de todo esto, Franco nunca dejó de desconfiar de Falange. Ordenó que la organización fuera vigilada de cerca por la red de espionaje APIS, que también le proporcionaba informes sobre las principales logias masónicas en España. Esta red estaba compuesta principalmente por mujeres y, entre otras misiones, vigilaba de cerca a los falangistas.

Uno de los objetivos más vigilados por Franco y APIS fue Pilar Primo de Rivera, hermana de José Antonio. En los informes se podía leer que Pilar estaba furiosa porque durante un desfile de las Milicias Universitarias ante Franco, los gritos eran «Viva España», y ella no podía soportar la palabra «viva».

En resumen, la relación entre Franco y Primo de Rivera fue compleja y llena de tensiones. A pesar de sus intentos por controlar y fusionar a Falange bajo su liderazgo, Franco siempre enfrentó resistencia y desconfianza. Esto lo llevó a mantener a Falange bajo estrecha vigilancia durante su dictadura, una táctica que también aplicó a otras organizaciones y personalidades políticas a lo largo de su régimen.