Las personas afectadas por alzhéimer, sus familias y los profesionales sanitarios han mostrado su malestar después de que el Ministerio de Sanidad y las comunidades autónomas rechazaran de nuevo financiar lecanemab y donanemab, los dos únicos medicamentos aprobados actualmente contra esta enfermedad incurable.

Críticas de pacientes y neurólogos

Jesús Rodríguez, director ejecutivo de la Confederación Española del Alzhéimer y otras Demencias (Ceafa), cuestiona la decisión y compara el debate con el de los primeros tratamientos oncológicos. «No quiero comparar enfermedades, pero ¿cuánto costaban los primeros tratamientos contra el cáncer, que solo prolongaban un mes la vida?», plantea.

Rodríguez considera especialmente grave que estos tratamientos solo resulten eficaces en la fase inicial de la enfermedad. «Hay enfermos que podían haber recibido el tratamiento y a estas alturas ya no es posible», lamenta. Según explica, durante los últimos meses Ceafa ha mantenido reuniones con el Ministerio y las comunidades para trasladar su preocupación por la financiación de ambos fármacos.

El responsable de la confederación reprocha que el Ministerio remita la responsabilidad a las autonomías y que algunas de estas hagan lo mismo con el Gobierno central. También recuerda que la Agencia Europea del Medicamento (EMA), más de 50 países y la Sociedad Española de Neurología (SEN) respaldan estos medicamentos. En este contexto, destaca que los tratamientos han logrado retrasar la progresión de la enfermedad en un 30%, tras más de 120 años desde el diagnóstico del primer caso.

La SEN también ha expresado su «profundo pesar» por la resolución. La entidad advierte de que la negativa tiene importantes consecuencias clínicas, al impedir el acceso a un tratamiento avalado por la EMA a pacientes que podrían experimentar una ralentización de la evolución de la enfermedad.

La posición del Ministerio de Sanidad

La Comisión Interministerial de Precios de Medicamentos, responsable de decidir qué tratamientos reciben financiación pública, ya había rechazado sufragar lecanemab y donanemab durante la pasada primavera.

Tras la nueva negativa, el Ministerio dirigido por Mónica García afirmó que comparte la preocupación de las personas con alzhéimer y de sus familias. Asimismo, indicó que lleva más de un año buscando una fórmula para incorporar ambos medicamentos al sistema sanitario.

El secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla, señaló que se mantuvo un diálogo «intenso, continuo y constructivo» con las farmacéuticas Biogen y Lilly, con el objetivo de explorar todas las alternativas que permitieran alcanzar un acuerdo de financiación.

Sanidad justifica su decisión en los resultados de los ensayos clínicos previos a la aprobación, que mostraron un elevado riesgo para los pacientes. El Ministerio sostiene que la autorización europea se produjo tras una evaluación especialmente compleja, marcada por un intenso debate científico sobre el balance entre beneficios y riesgos.

Padilla lamenta que no se haya cerrado un acuerdo con las compañías y subraya que ninguno de los dos medicamentos dispone aún de financiación pública en ningún Estado miembro. Además, advierte de que lecanemab y donanemab no constituyen la solución que esperan los pacientes.

Un tratamiento limitado a casos concretos

Alfredo Rodríguez-Antigüedad, jefe de Neurología del Hospital de Cruces, considera que el desenlace era previsible debido al elevado precio y a las complicaciones asociadas a los fármacos. Aunque reconoce que la decisión supone un perjuicio para los pacientes, cree que el camino para este tipo de tratamientos ya está abierto y que acabarán estando disponibles.

Por su parte, Nora Bengoa, investigadora Ikerbasque del Achucarro Basque Center of Neuroscience, señala que el malestar de las asociaciones es comprensible, puesto que cualquier alternativa terapéutica representa una esperanza. No obstante, recalca que los avances científicos permitirán mejorar y refinar estos tratamientos, que podrían ser reevaluados junto a otros agentes terapéuticos.

Coste, efectos adversos y complejidad asistencial

Los tratamientos contra el alzhéimer se dividen, principalmente, entre aquellos dirigidos a preservar las neuronas todavía no afectadas y los que pretenden eliminar las proteínas acumuladas que provocan el deterioro cognitivo: la tau, que forma ovillos, y la beta-amiloide, que se acumula en placas.

Lecanemab y donanemab pertenecen a este segundo grupo. Son anticuerpos monoclonales creados en laboratorio capaces de atacar las placas amiloides y ralentizar, aunque no detener, la progresión de la enfermedad.

Sin embargo, solo funcionan en las fases iniciales y para cerca del 10% de los pacientes: aquellos que no presentan una copia genética que eleva la predisposición a sufrir efectos secundarios. Entre estos riesgos figuran la hinchazón y el sangrado cerebral; durante los ensayos clínicos de donanemab se registraron tres muertes.

A estas limitaciones se añaden el precio y la dificultad de administración. Cada tratamiento cuesta entre 40.000 y 60.000 euros. Además, debe administrarse por vía intravenosa cada 15 días en el hospital, por personal especializado, y exige una selección rigurosa de los pacientes y un seguimiento exhaustivo.