Málaga se echa a la calle para celebrar el ascenso

Cuando se trata de devoción y pasión por el fútbol, pocas historias pueden igualar la de Miguel Tejada, un socio de más de 60 años del Málaga Club de Fútbol. A sus 73 años, esta temporada, Tejada se embarcó en un agotador viaje de 15 horas en autobús para ir a Vigo y apoyar a su querido Málaga. Con una gorra, camiseta, bufanda y una chapa en el pecho que conmemora el ascenso del equipo, afirma a ABC: «Da igual».

Los ojos de Tejada han sido testigos de la historia del Málaga, desde los días de Viberti y Roteta hasta los difíciles años en los que el equipo jugó en la Estación de Cártama. «Lo he visto subir y bajar. Desde Tercera a Segunda B, Segunda, Primera y jugar la Champions. Luego lo he visto caer y ahora volver a subir», dice emocionado este veterano seguidor.

La pasión de Tejada por el Málaga es compartida por miles de almas que no pudieron conciliar el sueño desde que sonó el pitido final en Tarragona, marcando el último ascenso del equipo. «Nunca vi nada igual. Hay más gente que nunca», señala Tejada, que espera vivir otro ascenso el año que viene, esta vez a Primera.

La ciudad celebra con el Málaga

La celebración por el ascenso del Málaga fue un evento inolvidable. Desde el gol de Antoñito Cordero que aseguró el ascenso, la ciudad se volcó en una celebración interminable. Más de 12.000 personas explotaron de alegría en el auditorio municipal de Cortijo de Torres, marcando el comienzo de una avalancha de celebraciones que se extendió hasta bien entrada la madrugada.

Las celebraciones continuaron en el aeropuerto, donde los fans desafiaron la fatiga para esperar la llegada del equipo a las cinco de la mañana. El centro de la ciudad estaba abarrotado, Gibralfaro se iluminó con bengalas y las Tres Gracias en su fuente parecían sonreír con picardía.

Los festejos se extendieron a las calles del centro, con manifestaciones espontáneas de seguidores del Málaga que salían de los bares cantando el himno. Las banderas blanquiazules ondeaban sin cesar, y la ciudad entera parecía unirse en una fiesta que celebraba a un equipo que ha devuelto la alegría a la ciudad.

Entre los miles de seguidores del Málaga se encontraban Christine Stranne y Jannich Petersen, dos daneses que se han enamorado del equipo y de la ciudad. «No hay un estadio igual. Vivo en Málaga desde hace 18 años, somos socios desde hace 10 años con la Peña de Dinamarca. No hay nada igual a La Rosaleda. Enamora, el estadio es una familia. No hay nada parecido en el mundo», dice Christine.

El ascenso del Málaga no solo ha sido una victoria para el equipo, sino también para la ciudad. Ha unido a personas de diferentes procedencias y nacionalidades en un amor compartido por el fútbol. «Este es un equipo con corazón, que juega para nosotros», dice Jannich, reflejando un sentimiento que parece ser compartido por toda la ciudad.

Desde ‘La gitana loca’, que cantaba Martina con solo cinco años, hasta el himno del club y los gritos de ánimo a un Córdoba que se jugaba poco después el ascenso en Barcelona, el apoyo de los seguidores ha sido constante. Hasta el pequeño Daniel, de solo tres años, ya dice con orgullo: «Soy del Málaga».

La pasión y el apoyo de los seguidores del Málaga es un claro ejemplo de la importancia del fútbol en la cultura española y de cómo un equipo puede unir a una ciudad entera. El Málaga y sus seguidores han demostrado que, independientemente de las dificultades que puedan enfrentar, su amor por el equipo y el fútbol es inquebrantable.