Una vida marcada por la pobreza y la determinación

Lula da Silva (Pernambuco, 1945) suele recurrir a su propia biografía durante sus intervenciones públicas. La pobreza extrema que vivió en la infancia, la fortaleza de su madre, Doña Lindu, y su experiencia como dirigente sindical metalúrgico son los tres elementos que emplea para explicar su visión del mundo.

El contexto en el que creció influyó decisivamente en quien acabaría convirtiéndose en la figura política más relevante de Brasil en este siglo. Sin embargo, atribuye a su madre un papel central en la formación de su carácter. «Hijo mío, nunca desistas; el día de mañana siempre será mejor», ha relatado en alguna ocasión que le decía Doña Lindu. Con esa idea como guía, ha protagonizado una nueva remontada, una más en una trayectoria llena de reveses y recuperaciones.

Cuando tenía siete años, Doña Lindu viajó con sus ocho hijos en un camión rumbo a la periferia de São Paulo. Lula tuvo que trabajar desde los doce años como limpiabotas, vendedor ambulante y repartidor. A los catorce entró en la industria metalúrgica, donde aprendió el oficio de tornero mecánico y sufrió el accidente laboral en el que perdió el dedo meñique de la mano izquierda. Aquella experiencia terminó de consolidar su identidad de clase.

Del sindicalismo a la fundación del Partido de los Trabajadores

Su actividad sindical comenzó en la década de 1970. Fue elegido presidente del Sindicato de Metalúrgicos de São Bernardo do Campo y Diadema y, desde ese puesto, encabezó las huelgas del sector entre 1978 y 1980 contra el régimen militar. Aquella movilización le supuso 31 días de prisión bajo la Ley de Seguridad Nacional.

En 1980 promovió la creación del Partido de los Trabajadores (PT), que reunió a representantes sindicales, movimientos sociales e intelectuales. Tras perder las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998, logró imponerse finalmente en los comicios de 2002.

Gestión política y proyección internacional

Programas contra la pobreza

La victoria de 2002 marcó un punto de inflexión. Después de moderar el ideario del PT y de consolidar un amplio acuerdo con el empresariado, Lula ganó las elecciones de manera arrolladora. Su llegada a la Presidencia en enero de 2003 fue interpretada como el acceso de las clases populares al poder en América Latina.

Durante sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, orientó su gestión a combatir la pobreza mediante los programas Bolsa Familia y Hambre Cero. Estas medidas, junto con el incremento sostenido del salario mínimo por encima de la inflación, permitieron que casi 30 millones de personas salieran de la pobreza extrema y que Brasil abandonara el Mapa del Hambre.

El papel de Brasil en el Sur Global

En el ámbito internacional, Lula se consolidó como la voz más influyente del Sur Global y como una figura destacada del multilateralismo. Impulsó los BRICS, la UNASUR y la CELAC, además de reforzar el protagonismo brasileño en el G20 y en las cumbres climáticas.

No obstante, tras abandonar la Presidencia en 2010 con niveles de popularidad superiores al 80%, su trayectoria y la de su partido quedaron ligadas al escándalo de Lava Jato. Imputado por presunta corrupción pasiva y lavado de dinero dentro de una red de sobornos vinculada a la estatal Petrobras, afrontó una intensa ofensiva judicial y mediática.

La prisión y el regreso a la Presidencia

Lula fue condenado y entró en prisión en Curitiba en abril de 2018. Permaneció encarcelado durante 580 días, inhabilitado políticamente y fuera de las elecciones presidenciales celebradas ese mismo año.

Tras una prolongada batalla judicial, el Tribunal Supremo anuló sus condenas en 2021 al concluir que el juez Sérgio Moro había actuado con parcialidad, una práctica que su entorno denunció como lawfare. Una vez recuperados sus derechos políticos, construyó un frente amplio que abarcó desde el centroderecha hasta la izquierda y con el que derrotó a Jair Bolsonaro en las urnas.

Así alcanzó un histórico tercer mandato. A los 80 años, Lula mantiene la perseverancia que atribuye a las enseñanzas de Doña Lindu y evidencia, además, que el Partido de los Trabajadores no ha encontrado en estos años una figura capaz de reemplazarlo.