Luis Miguel Continúa su Gira Española en el Bernabéu
En los pasillos del recuerdo, un profesor, lleno de pasión, me enseñó una vez que la generación espontánea no existe, que todo proviene de algo. Este concepto, que aprendí a la tierna edad de 14 años, volvió a mí años después, mientras practicaba un estándar de Gershwin. De repente, me di cuenta de que todo estaba entrelazado: Gershwin, Sinatra, Bublé, Luis Miguel y Julio, Cole Porter… todos unidos a través de la cultura y el tiempo, como un hilo rojo invisible.
Este sábado, Luis Miguel, el maestro cantante, prosigue su gira española en el Bernabéu. Su música, que refleja dos ideas ancestrales – el amor y el canto – trasciende géneros, épocas y clichés. Es la banda sonora de innumerables romances y la esencia de su arte.
El concierto comienza con ‘Será que no me amas’, una canción llena de diversión y energía, seguida de ‘Amor, amor, amor’, más romántica y dentro del estilo que ha hecho famoso a Luis Miguel. Su voz triunfante llena el estadio, mientras canta dos versiones de raíz afroamericana, haciendo que todas las sillas parezcan innecesarias.
Suave y Culpable o No: Un Toque de Funk y una Balada
Continúa con ‘Suave’, que aporta un toque de funk a su voz, seguido de ‘Culpable o no’, una grandiosa balada. Su banda, una mezcla ecléctica de instrumentos y voces, incluyendo vientos, coristas de altura, percusión, cuerdas y mariachis, ofrecen un espectáculo sólido y poderoso. A pesar de la deficiencia en el sonido del estadio, uno no puede evitar imaginar un gol.
A mitad de camino, Luis Miguel hilvana varias baladas clásicas, generando una ovación de crítica y público. Aunque no sea su mejor registro, es este el que le ha convertido en leyenda. ‘Como yo te amé’, ‘Todo y nada’ y ‘Nosotros’, cantadas sin pausa y con ojos seductores, son letales. El público femenino se desvanece, mientras imagina aventuras torridas con el apuesto mexicano.
Le sigue otro medley, más acelerado y funky, demostrando una vez más que la energía le sienta bien. Aunque no emocióna tanto como el tempo lento, Luis Miguel canta con gran decisión y energía. Cualquier duda que pudiera existir sobre su voz queda rápidamente disipada. Su figura, que ha ido creciendo a lo largo de la noche, está ahora en modo exhibición.
Tras la aparición de los mariachis, el Bernabéu, que hace tiempo que es una fiesta, se transforma en una cantina. Luis Miguel desaparece unos minutos y reaparece fresco, ya sin chaqueta y corbata, para rematar una buena faena. ‘La Bikina’ y ‘La media vuelta’, siempre bajo la sombra de José Alfredo, cierran el bloque azteca antes del final, que son los éxitos que faltan. ‘La incondicional’, lacrimosa, ‘Te propongo esta noche’, de lo mejor del concierto, y ‘Cuando calienta el sol’, clásico sin florituras, bajan el telón.
No es fácil determinar dónde comienza algo, especialmente en el arte, que siempre es esquivo. Sin embargo, está claro que la magia del cantor está en el ADN. Como un buen poema, un chaparrón de agosto o un bolero anónimo, la música de Luis Miguel nos llega y nos toca de una manera inexplicable, dejándonos con ganas de más.
