Las palmas de todos los fieles seguidores del FC Barcelona, desde el presidente Joan Laporta hasta el entrenador Xavi Hernández, estaban sudorosas hasta las 23.56 horas de la noche del último partido. Ellos, quizás de forma ingenua, creyeron que podrían respirar un poco más tranquilos tras la eliminación del Real Madrid de la Champions League, especialmente a manos de Pep Guardiola, una figura de gran relevancia en la historia de ambos clubes. Sin embargo, el destino y el fútbol tenían otros planes.
Tras 120 minutos de intensa competencia, en la que solo el Manchester City pareció jugar a fútbol, el Real Madrid consiguió, una vez más, avanzar a las semifinales de su amada Copa de Europa. Esto a pesar de que los números estuvieron en su contra: 33 disparos contra 8, 919 pases contra 458, 18 saques de esquina contra 1 y 68% de posesión contra 32%.
Las esperanzas del Barcelona se depositaron en manos de otros, un error que les costó caro. Todo lo que dependía del Barça en el partido de vuelta ante el Paris Saint-Germain y un desaparecido Kylian Mbappé, resultó en un completo caos. A pesar de haber empezado con una victoria 2-3 en París y haber seguido con un triunfo en el Estadio Olímpico (1-0), el equipo se vino abajo en el peor momento.
De hecho, el desorden comenzó con los propios aficionados del Barça apedreando por error el autobús de su equipo. Continuó con un error de cálculo de Ronald Araujo y el desquiciamiento de Xavi, seguido por el desempeño decepcionante del veterano Joao Cancelo. Todo el equipo pareció contagiarse del histerismo del técnico de Terrassa, dejando a sus jugadores en manos de su hermano Òscar.
Lo que siguió a este presagiado desastre demostró que la situación estaba colgando de un hilo. La «familia» que Xavi había presumido tener, compuesta por técnicos y jugadores maravillosos, comenzó a desmoronarse. Fue Ilkay Gündogan quien tuvo que corregir a su entrenador y a Araujo, y Jules Koundé quien tuvo que pedirle silencio.
Las cosas podrían empeorar aún más. Laporta parece desconcertado y sin un plan de acción; Rafael Yuste no sabe qué decir; Alberto Echevarría no ha logrado convencer a Xavi para que continúe; Deco está esperando órdenes de Jorge Mendes o Pini Zahavi; José Ramón Masip está desaparecido en acción y Santi Manana está esperando órdenes.
De repente, el nombre de Rafa Márquez, el técnico del filial, vuelve a aparecer en escena. Márquez, quien fue descartado el 8 de febrero de este año por Deco, podría tener su oportunidad debido a la falta de un plan o proyecto alternativo. Sería irónico que el entrenador que debió haber sido ascendido el mismo día que Xavi anunció su dimisión diferida, tenga ahora su oportunidad porque todo ha terminado de la peor manera posible.
