Los gobiernos europeos afrontan nuevas decisiones ante la crisis energética

La tensión en los mercados internacionales de la energía, ligada al conflicto en Oriente Medio, ha devuelto al debate la necesidad de impulsar el ahorro energético. Los gobiernos europeos estudian cómo responder al encarecimiento de los combustibles y a los posibles problemas de suministro sin agravar el consumo.

En Reino Unido, los planes de emergencia para mitigar las consecuencias de la guerra incluyen medidas restrictivas como fijar temporalmente el límite de velocidad en carretera en 80 kilómetros por hora, limitar la cantidad de carburante disponible para los ciudadanos y dar prioridad al suministro destinado a actividades consideradas críticas.

Por su parte, Bruselas ha solicitado por carta a los Estados miembros de la Unión Europea que adopten nuevas actuaciones para rebajar el consumo de gas y electricidad durante el próximo invierno, ante los riesgos que podrían surgir en el abastecimiento.

Gasolina y diésel: la presión de los precios aumenta

El debate coincide con una fuerte escalada de precios en Europa. A pocas horas de que el Consejo de Ministros anuncie un nuevo paquete de ayudas, el precio de la gasolina se acerca a los 1,98 euros por litro, después de aumentar un 9,6% desde el 1 de septiembre. En esa fecha, la rebaja aplicada a este combustible se redujo a 5 céntimos, según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica.

El diésel ha subido un 10% y alcanza los 1,97 euros por litro, pese a la recuperación este mes del descuento de 20 céntimos. Además, existe preocupación por la posibilidad de que un veto temporal de Estados Unidos a las exportaciones de gasóleo eleve entre 50 y 60 céntimos el precio del litro de diésel en Europa, de acuerdo con las estimaciones de Oxford Economics.

El antecedente español de 2011

La propuesta británica de reducir la velocidad recuerda a la medida adoptada por España en 2011, cuando el Gobierno rebajó durante cuatro meses la velocidad máxima a 110 kilómetros por hora. La decisión buscaba reducir el consumo de combustible en un contexto de fuerte encarecimiento del petróleo y de profunda crisis económica.

Quince años después y en un escenario diferente, el nuevo escudo antiguerra español se orientará inicialmente a mantener los descuentos sobre los carburantes. Durante los contactos entre el Gobierno y los sectores más afectados también se han planteado otras opciones vinculadas al mercado eléctrico, incluida una posible recuperación de la excepción ibérica.

España ha sido hasta ahora el país de la UE que más apoyo público ha movilizado: 10.000 millones de euros entre el decreto de marzo, que puso en marcha rebajas fiscales y bonificaciones a los combustibles, y el de junio, que prorrogó estas actuaciones.

El reto de contener el consumo

El desafío consiste en suavizar el impacto de la subida internacional de la energía sin impulsar una mayor demanda. Las ayudas directas y los recortes fiscales pueden aliviar a corto plazo la situación de hogares y empresas, aunque también pueden disminuir el incentivo para reducir el consumo.

Esta cuestión preocupa a Bruselas, que mantiene que las medidas nacionales de protección a consumidores y compañías deben ser temporales y dirigirse a quienes necesitan realmente el apoyo. El objetivo es evitar que incentiven un mayor uso de gas, distorsionen el mercado interior o transfieran costes a otros países europeos.

La prioridad es asegurar suficiente energía para el invierno y evitar que una carrera de última hora por rellenar los depósitos de gas ejerza una presión todavía mayor sobre los precios. Aunque el planteamiento actual es voluntario y no incluye nuevos recortes obligatorios, el comisario de Energía, Dan Jorgensen, propone recuperar parte de las fórmulas de ahorro utilizadas en 2022.

Entre ellas figuran reducir el consumo eléctrico en las horas de máxima demanda, limitar la temperatura en edificios públicos, restringir la calefacción exterior y apagar por la noche el alumbrado público que no sea necesario.

Reservas de gas y previsiones para el invierno

Europa llega a los próximos meses mejor preparada que hace cuatro años. La Comisión Europea atribuye esta mayor capacidad de respuesta a la reducción de la demanda, a las importaciones de gas natural licuado y al aumento sostenido de la capacidad eólica y solar.

Sin embargo, las reservas se sitúan en el 70% tras un verano seco y caluroso, que obligó a utilizar gas almacenado para generar electricidad. Con ello, los niveles han caído a su punto más bajo para estas fechas en más de una década.

De cara a los meses más fríos, Oxford Economics calcula que el precio medio del gas en el continente será de 85 euros/MWh entre el cuarto trimestre de 2026 y el primero de 2027. Esta previsión supone un incremento del 140% frente al mismo periodo del año anterior.