El pundonor de José Antonio, o cómo humanizar la Justicia

Con 53 años y una enfermedad degenerativa que le ha dañado seriamente la dentadura y la memoria, José Antonio se desplazó más de 300 kilómetros desde Martos, en Jaén, hasta la Audiencia Provincial de Toledo para comparecer en un juicio. Debido a su delicado estado de salud, su viaje comenzó a las tres de la madrugada. A pesar de presentar justificantes médicos y solicitar comparecer por videollamada, se le exigió estar presente en la corte.

El juicio, que finalmente se celebró en la Audiencia de Toledo después de que José Antonio y su esposa Marta se dieran cuenta de que se habían equivocado de lugar, era un caso que se remontaba a hechos ocurridos hace ocho años y medio. El hombre estaba citado para declarar contra dos acusados por un incidente que tuvo lugar durante un pleno municipal en el Ayuntamiento de Casarrubios del Monte el 21 de diciembre de 2015.

Uno de los acusados, Miguel, había amenazado a un concejal del PP, Francisco Javier, con expresiones soeces. Según el escrito del Ministerio Fiscal, le advirtió: «Ten cuidado con lo que publicas en Facebook porque te puedo dar un tirón en la polla o en otro sitio, o te puede pasar cualquier cosa». Además, fue acusado de un delito de atentado por agarrar del pecho al concejal y empujarlo violentamente contra la pared.

El otro acusado, Isidro, padre de una concejal socialista entonces, María Isabel, también amenazó a Francisco Javier. Le advirtió «con hacer llorar a mi hija o te puede pasar cualquier cosa». Además, el Ministerio Público le imputaba dos delitos leves: uno por falta de respeto a la autoridad y otro de lesiones, ya que lanzó un puñetazo que fue esquivado por el edil pero que impactó en la cara de José Antonio, quien asistía al pleno como público.

El juicio, sin embargo, duró tan sólo dos minutos y 16 segundos. Miguel, uno de los acusados, había fallecido hace unos años y la fiscal, en su primer juicio en la Audiencia, retiró la acusación contra Isidro, ya que los delitos habían prescrito. La noticia tomó por sorpresa a José Antonio, quien se quedó atónito al ver salir al personal de la sala en un tiempo récord.

La desilusión de José Antonio no se debió solo a la brevedad del juicio, sino también al esfuerzo físico y económico que había realizado para cumplir con su obligación de comparecer en el juicio. A pesar de su estado de salud y la dificultad del viaje, demostró una gran dignidad y compromiso con la justicia.

Una vez fuera del tribunal, José Antonio recordó que Isidro ya le había pedido perdón. «Nos dimos las manos y, oye, tan contentos», recordaba. Sin embargo, lamentó la violencia y la falta de respeto que se demostró aquel día en el ayuntamiento, describiéndolo como vergonzoso. «Eso no es un ring de boxeo para que la gente se pegue».

Finalmente, aunque José Antonio es un orgulloso militante del PP, afirmó que el partido político al que pertenezca una persona no le importa, siempre y cuando haga bien su trabajo. «¿Por qué no voy a ser amigo de ella?», se preguntó refiriéndose a María Isabel, la hija de Isidro y ex concejal socialista en Casarrubios.

Después de su experiencia, José Antonio no dudó en compartir su historia con Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, con quien, reveló, mantiene un constante intercambio de mensajes. «Y él me responde», añadió José Antonio, mostrando orgulloso el intercambio de los últimos mensajes con el líder socialista sobre su viaje a ningún juicio.