Mercedes Balcells-Camps nació en 1972 en Barcelona, en una familia de ingenieros y arquitectos catalanes, los Balcells-Buïgas, famosos por ser los creadores de importantes símbolos de Barcelona como el monumento a Colón, la Font Màgica y los bancos Transatlántico y Atlántico de la Diagonal. Sin embargo, su camino fue diferente. Mercedes decidió dedicarse a la ingeniería de tejidos y trabaja en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), donde es una de las pocas investigadoras principales en esa disciplina.
La ingeniería de tejidos es un campo de la ingeniería biomédica que se dedica a la creación de órganos y tejidos artificiales, una labor crucial para poder aliviar las listas de espera de los trasplantes. Este proceso se realiza utilizando materiales biodegradables, células humanas y estímulos mecánicos, permitiendo recrear un órgano o tejido del cuerpo humano. La finalidad es poder diagnosticar enfermedades de manera más temprana y encontrar soluciones sin necesidad de experimentar con animales.
El trabajo que realiza Mercedes es complejo y requiere de una alta precisión. Entre los avances que se han logrado gracias a la ingeniería de tejidos, se encuentran piezas para la reparación de huesos, ligamentos, piel e incluso válvulas de corazón. Sin embargo, cada procedimiento requiere de un riesgo muy calculado y estrictos protocolos para garantizar la seguridad del paciente.
En el MIT, Mercedes es conocida como la ‘cheerleader’ de su equipo. A pesar de que la mayoría de las veces las cosas no salen como se espera, ella se encarga de mantener el ánimo y la pasión del equipo. Cada pequeño logro es celebrado con entusiasmo, desde aplausos hasta unas cervezas.
Uno de los éxitos más recientes de Mercedes fue lograr identificar el sonido que emiten las células de cáncer de mama. Este hallazgo permitiría, en un futuro, identificar cuando una célula es o no cancerosa y si es metastásica, basándose en la variación del sonido que emite.
Mercedes Balcells-Camps es un ejemplo de perseverancia y dedicación. A lo largo de su carrera, ha tenido que enfrentarse a numerosos obstáculos, entre ellos, la discriminación de género en el ámbito de la ciencia. Sin embargo, su tenacidad y su pasión por su trabajo la han llevado a ser una de las pocas mujeres que ocupan una posición de liderazgo en el MIT.
Su trabajo no se limita a la investigación, también está comprometida con la educación y la inclusión social. Durante la pandemia de COVID-19, desarrolló un programa de educación en tecnologías médicas en Miami, con el objetivo de inspirar a jóvenes de escuelas pobres a seguir carreras científicas.
Además de ser una científica destacada, Mercedes es madre y ha logrado compatibilizar su vida personal con su carrera profesional. A pesar de los desafíos y los sacrificios que ha tenido que hacer, está convencida de que su trabajo es crucial para mejorar la salud y el bienestar de la sociedad.
Actualmente, Mercedes tiene planes de regresar a Cataluña, su tierra natal, para compartir todo lo que ha aprendido durante su carrera en los Estados Unidos. Su objetivo es dedicarse a trabajar con las poblaciones más vulnerables, en línea con su compromiso de hacer justicia y luchar por la diversidad y la inclusión.
