incendio, hundimiento, expolio y recuperación

La resurrección del sepulcro de Alfonso Carrillo de Acuña: una historia de 542 años en la fabricación

Mañana marcará el 542 aniversario de la muerte de Alfonso Carrillo de Acuña, un notable y polémico arzobispo de Toledo durante el reinado de Isabel la Católica. Su vida fue marcada por intrigas políticas, coqueteos con la alquimia y una poderosa influencia en los sucesos de su época. Sin embargo, su muerte no trajo el descanso esperado. En cambio, su última morada ha sido objeto de una serie de desafortunados eventos y dificultades que han llevado más de medio milenio en superarse.

Hoy, el puzle de su sepulcro está casi completo, a falta sólo de la última pieza, que descansa en una caja de madera en el Obispado de Alcalá de Henares.

El viaje del sepulcro: de Alcalá de Henares a Londres y de vuelta

Según Trinidad Yunquera, historiadora de la Diócesis de Alcalá de Henares, Carrillo fue enterrado en la iglesia del convento de Santa María de Jesús o de San Diego en 1482. Su tumba, una pieza excepcional esculpida en alabastro por el maestro Sebastián de Toledo, fue trasladada a la Catedral Magistral de los Santos Justo y Pastor en 1857. Sin embargo, un incendio en 1936 causó una enorme destrucción y el derrumbamiento de las bóvedas del techo, destrozando el sepulcro en pedazos.

Los fragmentos del sepulcro fueron recogidos y almacenados por la Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico y, en 1997, el Ministerio de Cultura a través del Instituto de Patrimonio Histórico Español decidió restaurarlos y ubicarlos en la antesala del museo capitular de la magistral.

Desafortunadamente, varias partes del sepulcro, incluyendo dos relieves, se perdieron durante el incendio y tuvieron que ser sustituidos por reproducciones. Sin embargo, la historia no termina ahí. En 2014, la galería de arte británica Sam Fogg contactó al arzobispado de Alcalá de Henares afirmando poseer una pieza de alabastro que, según sus expertos, pertenecía al sepulcro de Carrillo.

Este incidente llevó a una investigación del grupo de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil, que resultó en la localización de un segundo relieve en el museo de la Fundación Arrese en Corella, Navarra. Después de varias conversaciones, ambas piezas fueron devueltas a su origen.

El último fragmento del puzle, un torreón, fue encontrado en una casa de la Fundación Montemadrid en el sur de Madrid y confirmado como parte del sepulcro de Carrillo.

El misterio de los restos de Carrillo

Aunque el sepulcro está casi completo, persiste un misterio. El sepulcro es ahora un cenotafio, ya que dentro no están los restos de Carrillo de Acuña. Según Juan Miguel Prim, delegado episcopal de Cultura, los restos del arzobispo se encontraban en el sepulcro durante su traslado en 1856, pero desaparecieron en algún momento antes de las excavaciones arqueológicas de 1996.

La pregunta de dónde están los restos del arzobispo Carrillo de Acuña sigue siendo un misterio por resolver, añadiendo otra capa de intriga a la ya fascinante historia de este influyente arzobispo y su viaje post-mortem de más de quinientos años.