En un grito unificado de «nos vamos a Barcelona», los agricultores de Lleida concluyeron su asamblea en Fondarella (Pla d’Urgell) este martes, con una autovía A-2 envuelta en niebla y cerrada al tráfico por los propios tractores de los agricultores desde primera hora. Los manifestantes, que movilizaron más de 1.500 vehículos agrícolas, incluyendo tractores, remolques, arados y sulfatadoras, decidieron pasar la noche en la carretera y marchar a primera hora del miércoles hacia la capital catalana, Barcelona.
La movilización ha sido promovida por la plataforma 6F, el colectivo de payeses, en un intento de hacer que sus voces sean escuchadas por las autoridades que toman las decisiones. «Queremos que nos escuchen los que mandan», declaró Damià Areny, miembro de la junta del colectivo.
Al llegar a Barcelona, los tractores harán varias paradas estratégicas, incluyendo las oficinas de la Comisión Europea en el Passeig de Gràcia, la delegación del Gobierno central en la calle de Mallorca, y el Palau de la Generalitat en la plaza de Sant Jaume. El presidente Pere Aragonès y el conseller de Acció Climàtica, David Mascort, ya han anunciado que recibirán a los manifestantes.
La comitiva de agricultores incluirá más de mil tractores desde Lleida, con cerca de 3.000 agricultores, y se espera que se unan más de otras regiones. Los agricultores de Girona, por ejemplo, han expresado su apoyo y también planean marchar hacia Barcelona con sus 500 vehículos, después de pasar la noche en la carretera.
El primer día de protestas en las carreteras catalanas ha sido un éxito, inflamando aún más a los organizadores y participantes. Según las estimaciones del sindicato Unió de Pagesos (UP), que ha respaldado las acciones, alrededor de 4.000 tractores se han sumado a las acciones, desde el Pirineo hasta el delta del Ebro. La protesta ha continuado en la autopista AP-7 en L’Aldea (Baix Ebre) y también ha habido tractoradas en otros lugares de Tarragona (en Montblanc y en Alcover), en la Catalunya central, en el Vallès, en el Penedès (con 200 tractores en Vilafranca y corte en la AP-2 en Banyeres del Penedès), y en varias localidades del Pirineo y las Terres de l’Ebre.
Las movilizaciones han contado con el apoyo de numerosos alcaldes del territorio, muchos de ellos agricultores de profesión, así como con la comprensión del Govern de la Generalitat. A pesar de expresar esta afinidad con la protesta, la Generalitat ha insistido en que la resolución debe buscarse a nivel estatal o europeo.
Los agricultores catalanes, sin embargo, están lidiando con la frustración y la incomprensión, especialmente después de que la reciente declaración de la fase de emergencia por sequía en algunas áreas de las cuencas internas catalanas les dejó con un suministro de agua de tan solo el 20% para sus regadíos. Los agricultores han exigido una revisión del plan especial de sequía para que el sector agrario no sea siempre el más penalizado.
La misma declaración denuncia como «inasumibles» los retrasos que acumula la Generalitat en el pago de las ayudas para los afectados por la sequía de 2023. «No es justo que nosotros, que somos un sector productivo y empresarial como cualquier otro, tengamos una restricción de agua del 80%, cuando la industria la tiene del 25%», lamentó Martí Costal, productor de Jafre (Baix Empordà) y portavoz del sindicato JARC, otro de los que apoya las tractoradas. Las ayudas para los cultivos extensivos, incluyendo todos los cereales, ni siquiera han sido convocadas aún, y el anuncio de la convocatoria se hizo público hace solo unos días.
