La proliferación de la iluminación excesiva y la contaminación lumínica se ha incrementado en las últimas décadas, dando lugar a una serie de problemas tanto para la salud humana como para la biodiversidad. Esta es la advertencia que la física Susana Malón, directora de la empresa Lumínica Ambiental, especialista en esta materia, ha hecho a las administraciones públicas.
El uso inadecuado de la iluminación puede producir fotones que se propagan a través de la atmósfera, llegando a generar contaminación lumínica a distancias de decenas e incluso centenares de kilómetros desde el foco de luz. Anteriormente, el resplandor de las ciudades era el principal problema, pero ahora los pueblos también contribuyen a la contaminación lumínica con sus propias instalaciones de iluminación.
«El exceso de luz nos roba las estrellas, pero también tiene repercusiones en la salud humana y sobre la biodiversidad», advierte Malón. La contaminación lumínica no solo nos priva de disfrutar de un cielo estrellado, sino que también tiene un impacto significativo en la salud humana, la biodiversidad, el patrimonio cultural y el cambio climático.
El premio Nobel de Medicina de 2017 fue otorgado a los investigadores que descubrieron los mecanismos que regulan los ritmos circadianos humanos, y se demostró que el aumento de la luz artificial durante las horas nocturnas tiene un efecto considerable en nuestro bienestar y calidad de vida. Además, la luz excesiva puede contribuir al desarrollo de ciertas enfermedades en los humanos, que necesitamos la oscuridad para descansar.
En lo que respecta a la biodiversidad, el 65% de las especies animales son nocturnas y necesitan la oscuridad para sobrevivir. La iluminación de carreteras y lugares donde nunca ha habido iluminación puede causar problemas de deslumbramiento, desequilibrar la relación depredador-presa, y afectar la orientación, reproducción y alimentación de las especies.
Hay informes científicos que indican un incremento del 2% anual en el brillo del fondo del cielo. Sin embargo, Malón apunta que la tecnología ha evolucionado de manera espectacular para minimizar este efecto contaminante de la luz artificial. Hoy en día es posible hacer instalaciones de iluminación sostenibles.
En España, el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDEA) ha comenzado a tomar medidas para combatir la contaminación lumínica. En su última línea de ayudas para proyectos de alumbrado exterior para municipios, ya no se valoran los proyectos por orden de llegada, sino por la temperatura de color de la luz.
A nivel nacional, España cuenta con el reglamento 1890 del año 2008 de eficiencia energética y alumbrado exterior, que aborda el resplandor luminoso y la luz intrusa. Sin embargo, Malón señala que esta normativa es bastante laxa en cuanto a resplandor luminoso nocturno y no ofrece valores límites. En este sentido, la experta aboga por una ley contra la contaminación lumínica de carácter nacional, e incluso europeo, similar a la ley estatal de ruido que se originó a partir de una normativa europea.
Finalmente, Malón desacredita la idea de que más luz equivale a más seguridad pública. En su lugar, argumenta que el deslumbramiento generado por la iluminación LED es lo que realmente provoca inseguridad. La experta sostiene que la tecnología actual permite una iluminación eficiente sin deslumbramiento y apela al sentido común para usar la luz de manera responsable.
