Si hubiera que elegir un lema para el ciclista esloveno Tadej Pogacar, sin duda sería ‘ofensiva’. Este audaz corredor nunca deja de sorprender, y aunque no siempre se lleva la victoria, su presencia en cualquier carrera garantiza emoción hasta el último momento. Así se demostró una vez más en la reciente edición de la Milán-San Remo, la prestigiosa ‘classicissima’ italiana, donde Pogacar no ganó, pero deslumbró. El vencedor fue, en este caso, el velocista belga Jasper Philipsen, que contó con el valioso respaldo de su compañero de equipo, el holandés Mathieu van der Poel.
El ciclismo es un deporte donde la nacionalidad del ciclista no es tan relevante como el arte que demuestra sobre la bicicleta. Se espera con gran expectación que el ganador del próximo Tour de Francia, que comenzará el 1 de julio, sea uno de los dos grandes favoritos, Pogacar o el danés Jonas Vingegaard. Ambos ciclistas tienen estilos diferentes pero igual de emocionantes. Pogacar, por ejemplo, se ha ganado el cariño del público gracias a su espíritu combativo y su audaz estilo de conducción.
A principios de marzo, cuando comienza la temporada ciclista, Pogacar no duda en lanzarse en solitario a 80 kilómetros de la meta, como hizo en la Strade Bianche, una carrera que ganó con la facilidad con la que uno podría disfrutar de una cerveza o un vino en una terraza durante un atardecer primaveral. En la Milán-San Remo, Pogacar no decepcionó y mantuvo a todos en vilo hasta el final, aunque terminó en tercera posición, por detrás de Philipsen y del australiano Michael Matthews.
En las últimas ediciones de la Milán-San Remo, Pogacar ha ido mejorando su posición: fue quinto en 2022, cuarto en 2023 y ahora tercero. Parece decidido a ganar la ‘classicissima’, a pesar de que no es una carrera que se adapte especialmente a su estilo de conducción. En la edición de este año, Pogacar se convirtió en el líder de su equipo, el UAE Team Emirates, durante el ascenso a La Cipressa, a 28 kilómetros de la meta. Fue el único que se atrevió a atacar en el Poggio, a las puertas de San Remo, y lo hizo en dos ocasiones. En 2022 y 2023 lo intentó al inicio de la subida final, pero esta vez esperó hasta el último kilómetro.
Mathieu van der Poel, ganador el año pasado, respondió al ataque de Pogacar. Van der Poel, a diferencia de Pogacar, disputaba la carrera con un rol más defensivo, protegiendo a su compañero de equipo, Jasper Philipsen. Pasado el Poggio, con sólo 5,5 kilómetros hasta la meta y una decena de ciclistas con opciones a la victoria, Pogacar supo que este año tampoco iba a ganar. Sin embargo, hasta el último momento mantuvo el suspense y disputó la victoria al mejor del mundo en la especialidad, Philipsen.
Ahora, los aficionados al ciclismo esperan con ansias la próxima obra de arte de Pogacar en la Volta a Catalunya. Si algo es seguro es que, independientemente del resultado, Pogacar dará espectáculo y luchará hasta el final. Porque, como decíamos al inicio, si hay una palabra que define a Tadej Pogacar, esa es ‘ofensiva’.
