Esta temporada ha visto al Real Madrid luchando con los derbis madrileños. En particular, el Atlético ha sido un obstáculo para ellos en todos los torneos en los que han competido, incluso llevándolos a la eliminación de la Copa del Rey. Sin embargo, el Atlético no es el único equipo madrileño que ha dado problemas al Real Madrid. El Rayo Vallecano ha demostrado ser otro equipo difícil de vencer en la Liga.
En la primera vuelta, el Rayo logró sacar un punto del Bernabéu. En la vuelta, el equipo de Vallecas logró retener otro punto en su estadio, empatando 1-1 con el líder de la liga, que terminó con diez jugadores debido a la expulsión de Dani Carvajal.
Este derbi madrileño es una prueba más de que a veces, ni el escudo ni la inercia son suficientes para ganar un partido. A lo largo de la temporada, el Real Madrid ha sufrido varios tropiezos y ha estado al borde de la catástrofe en varias ocasiones. Sin embargo, siempre ha intentado ganar con la fuerza de su escudo y la inercia de su historia, una estrategia que ha funcionado durante la mayor parte de su historia. Pero a veces, incluso los equipos más grandes se atascan y el mundo parece girar en sentido contrario.
Para el Rayo Vallecano, Vallecas es más que un estadio, es su hogar. Es donde el equipo encuentra su identidad y su fuerza. La idea de llevarse al Rayo de Vallecas parece una operación comercial viable, pero también podría ser una sentencia de muerte para el equipo. En el estreno de Iñigo Pérez como primer entrenador y comandante franjirrojo, el público apoyó a su equipo ante un inicio dominante del Real Madrid.
El comienzo del partido parecía favorable para los locales. Joselu marcó temprano, demostrando su convicción como delantero. Sin embargo, un saque desafortunado de Andriy Lunin y una decisión equivocada de Raúl de Tomás permitieron al Real Madrid convertir un error del Rayo en el primer gol del partido.
Federico Valverde, el mediocampista uruguayo del Real Madrid, fue fundamental en la jugada que llevó al gol. Valverde entiende mejor que nadie los partidos en los que los errores se pagan caros. Como el que tuvo Eduardo Camavinga poco antes de la media hora de juego. El árbitro tuvo que recurrir al VAR para pitar una mano clara de Camavinga. Raúl de Tomás se encargó del penalti, no falló y recuperó parte de la confianza perdida.
El Real Madrid, que había dominado el tramo inicial del partido, se vio superado en intensidad en la segunda parte del partido. Los delanteros visitantes se desesperaban al ver cómo sus compañeros no encontraban la vía para romper la defensa del Rayo. Vinicius era incapaz de romper la defensa por su cuenta y se dedicaba a pedir calma al resto del equipo.
Luka Modric también tuvo un partido difícil. Una pérdida de balón suya estuvo a punto de costarle el segundo gol en contra al líder de la Liga. El Rayo se enfureció contra el árbitro por decretar el descanso en medio de un ataque del equipo local.
La segunda parte del partido vio al Rayo mantener la intensidad y la confianza. Ancelotti decidió sacar a Toni Kroos y a Rodrygo para intentar cambiar el rumbo del partido. Pero el Rayo, a pesar de estrenar técnico, estaba muy bien posicionado.
Iñigo Pérez, el nuevo entrenador del Rayo, entendió que el mejor modo de preservar el punto era sin perderle la cara al partido. Decidió no protegerse bajo el larguero y mantener la presión sobre el Real Madrid. La fórmula funcionó y el punto, al igual que el estadio de Vallecas, se quedó en el barrio.
