El programa vasco de cribado colorrectal logra reducir un 50,1% la mortalidad

El cáncer colorrectal continúa siendo una de las principales causas de muerte por cáncer en el mundo, especialmente en los países de ingresos altos. En España, es el tumor diagnosticado con mayor frecuencia al considerar conjuntamente a hombres y mujeres y se mantiene también entre los más mortales. Sin embargo, la posibilidad de identificar una fase premaligna hace que esta enfermedad sea especialmente adecuada para los programas de cribado poblacional.

La experiencia desarrollada en Euskadi durante más de dos décadas, desde su preparación hasta su consolidación, confirma la eficacia de este tipo de detección. Un estudio señala que el cribado organizado mediante la prueba inmunoquímica fecal (FIT) está vinculado a un descenso sostenido de la mortalidad por cáncer colorrectal, sobre todo entre las personas de 50 a 69 años.

Un modelo de referencia internacional

La investigación, publicada en JAMA Network Open, revista de la American Medical Association, concluye que el programa de cribado de cáncer colorrectal de Osakidetza, el Sistema Vasco de Salud, ha conseguido reducir en un 50,1% la mortalidad específica por esta enfermedad en la población objetivo.

El trabajo ha sido elaborado por un equipo liderado por Luis Bujanda y Laura Izquierdo-Sánchez, con investigadores de la Universidad del País Vasco (EHU), el Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa y el Instituto de Salud Carlos III. También han participado instituciones como Ikerbasque, la Universidad de Navarra y el Servicio Gallego de Salud.

Un importante desafío sanitario

El estudio analizó una población aproximada de 2,2 millones de habitantes en Euskadi. Durante las dos décadas evaluadas se contabilizaron 16.298 muertes atribuibles al cáncer colorrectal. Esta cifra equivale al 3,7% de todas las defunciones por cualquier causa en la comunidad y al 12,7% de las muertes relacionadas con procesos oncológicos.

Ante este reto de salud pública, numerosos países han implantado en la última década programas de cribado basados principalmente en la prueba inmunoquímica fecal o en la endoscopia. El programa vasco comenzó en 2009 para hombres y mujeres de entre 50 y 69 años y, desde el año pasado, se ha ampliado a la población de 70 a 74 años.

Su metodología consiste en realizar cada dos años un test inmunoquímico de sangre oculta en heces. En el grupo de edad de 50 a 69 años, la mortalidad específica descendió desde 39,7 muertes por cada 100.000 habitantes al inicio del periodo hasta 19,8 defunciones en la actualidad. Al considerar el conjunto de la población, incluidos quienes no estaban llamados directamente a participar, la reducción de la mortalidad estandarizada por edad fue del 29,6%.

El valor de detectar la enfermedad a tiempo

La detección precoz explica buena parte de los resultados del programa. El 70,8% de los cánceres identificados mediante el cribado se diagnosticó en los estadios tempranos I o II. Localizar los tumores en estas fases permite aplicar cirugías o tratamientos menos agresivos antes de que la enfermedad se haya extendido y aumenta las posibilidades de curación definitiva.

El programa también permite descubrir adenomas avanzados, tumores benignos adheridos a la mucosa del colon o del recto que pueden evolucionar hacia lesiones malignas. A lo largo del periodo analizado fueron detectados y tratados 42.071 adenomas, lo que evitó en numerosos casos su posible transformación en cáncer.

Alta participación y seguimiento asistencial

Los autores destacan que la eficacia del modelo vasco no responde únicamente a la atención sanitaria, sino también al compromiso de la población. La participación ciudadana se ha mantenido en una media del 71,3% durante los años estudiados, con tasas incluso mayores entre las mujeres.

Asimismo, resulta clave el seguimiento de los resultados positivos. Cuando el test de sangre oculta en heces detecta una posible alteración, debe realizarse una colonoscopia. Euskadi mantiene una de las tasas de adherencia más elevadas del mundo en esta prueba complementaria, al superar de manera constante el 91%, lo que permite que los casos sospechosos permanezcan dentro del circuito asistencial.