Primer golpe. El tiempo que se pierde

En los últimos tiempos, ha habido un aumento notable en el número de miembros que integran las cuadrillas en los cortejos de la Semana Santa. Este fenómeno ha llevado a una inevitable ralentización de los cortejos, lo que ha despertado diversas opiniones entre los participantes y espectadores. En este artículo, nos adentramos en las consecuencias de este aumento y cómo este cambio está afectando la tradición de la Semana Santa.

La cuadrilla es un grupo de personas que se encargan de llevar a cuestas los pasos, las imágenes religiosas que se muestran durante los cortejos. En la actualidad, es común ver cuadrillas que están dobladas o incluso casi triplicadas en número. La implicación de esto es que los costaleros, los hombres que llevan el peso de los pasos sobre sus hombros, pueden mantenerse frescos durante casi todo el recorrido.

Con el aumento del número de costaleros, se ha generado un deseo creciente de que los cortejos sean más largos y se tomen más tiempo. Los costaleros quieren guerra, un término que se usa para describir el deseo de escuchar más marchas y pasearlas durante el cortejo. Este deseo a menudo lleva a que los cortejos sean más lentos, ya que los costaleros quieren disfrutar de la música y el ambiente durante el mayor tiempo posible.

Este fenómeno de sobreabundancia en las cuadrillas es en gran medida la causa de la lentitud de los cortejos. Las juntas, los grupos encargados de organizar los cortejos, asumen que los pasos van a ir casi permanentemente con marchas. Esto significa que el ritmo no es el mismo que en el pasado, cuando las marchas solo sonaban de vez en cuando.

Cuando suena la música, normalmente el paso se detiene y comienza una especie de danza. En el pasado, los pasos terciaban de manera elegante o reviraban con una marcha y luego continuaban hacia adelante. Hoy en día, este no es el caso.

Un ejemplo extremo de la pérdida de tiempo se produce en las vueltas o saludos a una iglesia o capilla. Hay informes de diputados de banda que contemplan una marcha para llegar, otra para girar, una tercera para la llamada «máquina de coser» (una maniobra que hace que los pasos se muevan adelante y atrás sin un propósito claro) y otra para marcharse. Estas cuatro marchas, con una duración media de cuatro minutos cada una, pueden llevar más de un cuarto de hora.

Estas ceremonias, que pueden parecer excesivas, hacen más que simplemente ralentizar los cortejos. También aumentan el espectáculo, atraen a un público que busca este tipo de eventos y, lo más importante, cambian la naturaleza de los cortejos en la Semana Santa contemporánea.

La lentitud de los cortejos se ha convertido en el gran talón de Aquiles de la Semana Santa en la actualidad. Sin embargo, esto no parece ser un problema para todos. Hay quienes argumentan que esta lentitud permite a los espectadores disfrutar más del espectáculo y la atmósfera de los cortejos.

De cualquier forma, es innegable que el aumento en el número de miembros de las cuadrillas ha cambiado la forma en que se llevan a cabo los cortejos. Aunque algunos pueden ver esto como un problema, otros lo ven como una evolución natural de una tradición que ha existido durante siglos.