El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha instado a los países de todo el mundo a tomar medidas firmes para sanear sus presupuestos y reducir los altos niveles de déficit y deuda pública que ha dejado la pandemia de COVID-19 y la subsiguiente crisis de inflación. Según el informe ‘Monitor fiscal’ del FMI, publicado el miércoles, muchos países necesitarán hacer ajustes fiscales más grandes de los que actualmente tienen en sus planes para garantizar la sostenibilidad fiscal y reconstruir sus reservas.
Este llamado a la acción fiscal se produce en un momento en el que 88 países están preparándose para las elecciones generales, un hecho que el FMI identifica como «el riesgo más grave» para las finanzas públicas globales. El ‘gran año electoral’ podría desbaratar los esfuerzos de consolidación fiscal, ya que los gobiernos tienden a ser más flexibles con sus políticas fiscales en los años electorales.
El informe ‘Monitor fiscal’, dirigido por Kristalina Georgieva, insta a los gobiernos a eliminar inmediatamente las políticas fiscales heredadas de la era de la pandemia y a implementar nuevas reformas para frenar el aumento del gasto. Además, el FMI sugiere que aumentar los ingresos para contrarrestar el gasto incrementado es crucial, y sugiere que las economías avanzadas podrían lograrlo centrándose en los beneficios extraordinarios como parte del sistema fiscal sobre la renta de las empresas.
Las proyecciones que hace el FMI no son alentadoras. Predice que, sin los ajustes fiscales necesarios, el déficit público global seguirá siendo alto en 2029, situándose en el 4,3% del PIB, por encima del 3,6% previo a la pandemia. Además, la deuda pública podría escalar hasta casi el 100% en 2029, impulsada por algunas de las economías más grandes, como los EEUU, China, Italia y el Reino Unido.
Para las economías avanzadas, el FMI estima que se debería lograr una reducción promedio de los déficits primarios de un punto porcentual del PIB cada año para estabilizar los niveles de deuda. Sin embargo, también advierte que los gobiernos deben calibrar el ritmo de consolidación de acuerdo con sus circunstancias específicas, para evitar ajustes perturbadores.
En el caso de España, el FMI prevé un déficit público del 3,6% del PIB en 2023, que podría reducirse al 3,1% en 2024 y mantenerse en ese entorno hasta 2029. En cuanto a la deuda pública española, se espera que se mantenga en el 104,2% del PIB en 2029. Para Francia, el desafío es aún mayor, con un déficit del 4,9% del PIB estimado para 2024, llegando a 2029 con un desajuste fiscal del 3,9% y una deuda del 115,2% del PIB.
Las proyecciones para EEUU y China son igualmente preocupantes. Se espera que el déficit de EEUU sea del 6% del PIB en 2029, con una deuda del 133,9% del PIB. Para China, el déficit se prevé que alcance el 7,9% en el mismo año, con una deuda pública equivalente al 110,1% del PIB.
El FMI destaca que las elecciones generales en 88 países en 2024 podrían suponer un obstáculo para la consolidación fiscal, ya que se ha demostrado que la política fiscal tiende a ser más flexible y los desvíos mayores durante los años electorales. Además, los factores geopolíticos y los desastres naturales podrían aumentar las presiones para ampliar el apoyo fiscal.
Finalmente, el FMI plantea la pregunta de cómo se podría lograr una consolidación fiscal más progresiva y propone algunas soluciones. Sugiere que los gobiernos deberían eliminar inmediatamente las medidas fiscales discrecionales que quedan de la crisis y reducir los subsidios a los combustibles y la energía que son regresivos e ineficientes. En su lugar, los recursos deberían redirigirse hacia programas de protección social que apoyen a las poblaciones más vulnerables.
