Imagen de archivo. Participantes en la 13ª edición de la North Face Ultra-Trail du Mont-Blanc (UTMB), agosto de 2015, en Grand Col Ferret, Italia.

El ejercicio físico extremo, aquel que pone el cuerpo al límite, ocasiona una inflamación crónica en los tejidos del organismo que podría acelerar el proceso de envejecimiento. Esta es la conclusión a la que ha llegado el investigador Salvador Macip, director de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC y catedrático de Medicina Molecular de la Universidad de Leicester, especializado en las fases biológicas del proceso del envejecimiento.

Según Macip, el ejercicio de alta intensidad puede generar pequeños daños en el músculo, lo que conduce a un desgaste del tejido y, con el paso de los años, puede desencadenar un envejecimiento prematuro en tendones, músculos e incluso a nivel corporal en su totalidad. Sin embargo, el experto hace hincapié en que el ejercicio «moderado y constante», aquel que no somete al cuerpo a los límites extremos y que se opone a un estilo de vida sedentario, tiene una serie de beneficios para la salud.

Las ventajas de este tipo de ejercicio incluyen la reducción del riesgo de padecer enfermedades cardiacas y cáncer, además de tener un efecto antiinflamatorio. Este último beneficio contribuye a la disminución del envejecimiento celular, ya que el ejercicio moderado ayuda a «limpiar los tejidos». No obstante, el deporte extremo, practicado por atletas de élite o por aquellos que se someten a deportes de alta intensidad, puede «acelerar» los daños celulares y causar «problemas de vejez crónica».

El investigador señala que el deporte de alta intensidad puede generar «pequeñas lesiones». Cuando se pone el cuerpo al límite, ocurre un desgaste. Sin embargo, este desgaste también depende en gran parte del «tipo de vida» que lleva el deportista después de practicar deporte. El «mantenimiento» después de la retirada deportiva es crucial, ya que una de las causas del envejecimiento es la pérdida de masa muscular.

El envejecimiento es un proceso complejo y, como explica Macip, no es homogéneo. Aunque aún hay mucho por entender sobre este proceso, ya existen «pistas» e «indicaciones» que sugieren que el deporte intenso puede ser perjudicial a largo plazo, en contraposición al deporte moderado, que es beneficioso.

El único marcador del envejecimiento que existe actualmente es el «reloj epigenético». Este reloj se refiere a los cambios químicos del ADN que ocurren con la edad. Así, el envejecimiento no es homogéneo en todo el cuerpo y puede variar dependiendo de los diferentes tipos de relojes epigenéticos.

Un estudio reciente del Institut de Recerca Sant Pau y la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) ha revelado que el deporte de alta intensidad puede afectar la expresión genética. Esta investigación ha analizado cómo se expresan nuestros genes en diferentes circunstancias, lo que se conoce como transcriptómica.

José Manuel Soria, jefe del grupo de Genómica de las Enfermedades Complejas en el Institut de Recerca Sant Pau, explica que aunque los genes que heredamos no pueden cambiar, estos poseen «cierta plasticidad» y su expresión puede «adaptarse» a las condiciones del entorno.

Por último, es importante mencionar que el deporte de élite es considerado un buen modelo para estudiar el envejecimiento. Las alteraciones que se producen en los genes de los deportistas tras una actividad intensa son similares a las que se desarrollan en algunas patologías en las que el paciente, a diferencia de los deportistas, no se recupera. Esto brinda información valiosa para intervenir y recuperar estas alteraciones, lo que podría tener implicaciones significativas para el tratamiento de diversas enfermedades relacionadas con el envejecimiento.