El Cid y La Quinta resucitan a la Maestranza; el presidente le devuelve la categoría

El pasado jueves, la Maestranza de Sevilla fue testigo de una jornada taurina que despertó la emoción y la pasión de los espectadores, gracias a la actuación del matador Manuel Jesús ‘El Cid’ y a la calidad de los toros de La Quinta.

Tras una jornada del miércoles que dejó a los aficionados con un sabor amargo, la plaza volvió a vibrar al ritmo de la lidia y la bravura. La taquilla del Paseo de Colón se colmó de aficionados que depositaron su fe en el casillero ganadero y en el impulso del torero del momento. Y no solo la fe, sino también la esperanza de un espectáculo conmovedor y emocionante, que se cumplió con creces.

Dorado, uno de los toros de La Quinta, fue el protagonista. Ovacionado en su salida, también fue aplaudido en su vuelta al ruedo tras una faena memorable. El toro, con cuatro años y con un porte que encajaba a la perfección en la morfología de la casa y el arquetipo de la plaza, mantuvo su virtuoso tranco desde el principio hasta el final.

Manuel Jesús ‘El Cid’ realizó una faena vibrante y profunda, que le valió dos orejas y el reconocimiento unánime de la plaza. Los espectadores pudieron disfrutar de la rotundidad y excelencia de su toreo, que recordó a sus mejores años. La conexión entre ‘El Cid’ y Dorado fue uno de los grandes momentos de la Feria de Abril, que volvía a la vida tras la cuesta abajo de los últimos días.

En sus primeros lances, ‘El Cid’ estuvo cabal y medido, pero a partir del ecuador de la faena, el torero se entregó por completo. Con su mano izquierda, la de los años gloriosos, se mostró soberbio tras el embroque, aguantando las primeras embestidas y terminando cuajándolo sin ninguna objeción. La intensidad de cada serie del sevillano elevaba la temperatura de la plaza.

Emilio de Justo y Daniel Luque también estuvieron a la altura de las circunstancias, a pesar de que no tuvieron la fortuna de que el toro o el lote de la corrida cayesen en su bolita. De Justo se llevó el agradecido tercero, Palomito, que mostró exigencia y bravura, mientras que Luque se enfrentó a un lote de estilo pero con falta de raza.

El torero de Gerena no se amedrentó ante Ibicenco, el segundo toro, que mostraba un buen embroque pero una fea salida. Luque se mostró reunido con el toro, sin expulsarlo, en busca de una oreja más en su marcador. Igualmente, tuvo que lidiar con Ligero, el quinto toro, que salió como un tren, pero que no terminó de despertar.

La corrida del jueves, 18 de abril de 2024, se recordará por la actuación de Manuel Jesús ‘El Cid’, que toreó con rotundidad y excelencia, y por la calidad de los toros de La Quinta, que fueron un soplo de aire fresco para la afición. Enhorabuena al torero, al ganadero y al presidente. Este día demostró una vez más que la tauromaquia es una expresión artística que mueve pasiones y emociones profundas.