La expansión de las finanzas digitales no reducirá la importancia de los bancos centrales, sino que reforzará la necesidad de contar con una forma de dinero público ampliamente aceptada, según sostiene Piero Cipollone, miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE).
En 2008, el manifiesto asociado al creador seudónimo de bitcoin, Satoshi Nakamoto, planteó una alternativa monetaria que parecía destinada a dejar atrás a los bancos centrales. Aquella visión impulsó el interés por los criptoactivos sin respaldo y sus intensas oscilaciones. Con el tiempo, el foco se ha trasladado a las tecnologías que sustentan esos activos, como la tokenización y los libros de contabilidad distribuidos, aplicadas ahora a las finanzas tradicionales.
Estas herramientas permiten representar, registrar y transferir activos como bonos, acciones o depósitos mediante paquetes digitales de datos o tokens. Su combinación promete servicios financieros más eficientes, disponibles las 24 horas y con menos intermediarios.
La confianza en la liquidación sigue siendo esencial
Pese a este cambio tecnológico, Cipollone considera que las finanzas digitalizadas dependerán todavía más de una forma de dinero público en la que exista una confianza generalizada. A su juicio, los bancos centrales no perderán relevancia en el corto plazo.
Toda operación, desde la compra de un coche usado hasta la negociación de bonos, queda completada cuando el comprador recibe el activo adquirido y el vendedor obtiene un dinero en el que confía. Este proceso se conoce como liquidación.
Cuando quien vende no puede confiar por completo en el activo que recibe como pago —por ejemplo, si obtiene un pagaré o un vale emitido por una empresa desconocida— asume el riesgo de que el emisor no cumpla sus obligaciones. Ese riesgo reduce la conveniencia de la transacción.
Los bancos centrales son las únicas instituciones que emiten activos de liquidación sin riesgo en los que todos pueden confiar. Esta función es especialmente relevante en los mercados mayoristas, donde bancos y otras entidades procesan cada día operaciones por valor de miles de millones de euros. Para estas transacciones resulta imprescindible utilizar un activo universalmente aceptado y libre de riesgo.
En la actualidad, muchas operaciones se cierran entre los bancos del pagador y del beneficiario mediante el intercambio del activo de liquidación más seguro: el dinero del banco central. La tokenización puede automatizar operaciones, suprimir intermediarios y reducir a segundos procedimientos que antes requerían días, pero para ello los inversores seguirán necesitando un activo de liquidación seguro.
Según Cipollone, los tipos de dinero disponibles actualmente en las tecnologías de contabilidad distribuida no reúnen esas condiciones. Las stablecoins y los depósitos tokenizados incorporan riesgo crediticio, mientras que el bitcoin y otras criptomonedas sin respaldo no son responsabilidad de ninguna entidad y presentan fuertes variaciones de precio.
Dinero del banco central tokenizado
El BCE pretende crear las condiciones para que estas tecnologías impulsen mercados más seguros, eficientes y resilientes. En ese objetivo, la provisión de dinero del banco central tokenizado, como ancla monetaria común con seguridad y aceptación universal, ocupa una posición central.
Los sistemas financieros más exitosos, señala el miembro del BCE, han compartido históricamente una misma base: bancos y entidades financieras compiten entre sí dentro de un sistema en el que una autoridad pública garantiza la confianza en el dinero. Por ello, propone combinar las mejoras de eficiencia de la tokenización y los registros distribuidos con la confianza, la seguridad y la aceptación universal que aporta el dinero del banco central.
La iniciativa Pontes
Esta idea está detrás de Pontes, la iniciativa del BCE que comenzó a operar el 21 de septiembre. El sistema conecta las plataformas donde se emiten y negocian activos tokenizados con la infraestructura en la que las operaciones ya se liquidan mediante dinero del banco central.
De este modo, la próxima generación de activos financieros se apoya en los mismos fundamentos que sostienen la financiación tradicional. El objetivo del BCE es que, para 2028, el dinero del banco central tokenizado esté disponible directamente en la misma cadena de bloques en la que se sitúan los activos.
Esto permitiría trasladar a la estructura central del sistema financiero europeo las ventajas de la contabilidad digital, incluida la negociación durante las 24 horas. Paralelamente, el BCE trabaja en un entorno integrado para los activos digitales, con normas comunes entre fronteras y plataformas, para evitar la fragmentación que ha lastrado los mercados de capitales europeos.
Interoperabilidad y competencia
Cipollone admite que, como sucede en el sistema convencional, continuarán existiendo formas de dinero complementarias al dinero del banco central, entre ellas las stablecoins. Sin embargo, incluso una utilización extendida de estos activos privados para liquidar operaciones requeriría dinero del banco central tokenizado.
Su función sería facilitar la convertibilidad entre activos, impedir la fragmentación de la liquidez y garantizar que un euro mantenga el mismo valor sin importar su forma o la tecnología empleada. Este principio es denominado por los bancos centrales como la unicidad del dinero.
Para que las eficiencias derivadas de la tokenización alcancen al público, a los emisores y a los inversores, será necesaria una competencia sana. El BCE considera importante evitar la creación de entornos cerrados que solo beneficien a unos pocos, por lo que los bancos centrales promueven estándares compartidos y la interoperabilidad de las redes.
Si este proceso se desarrolla correctamente, el coste de la intermediación financiera, que se ha mantenido aproximadamente estable en torno al 2% desde finales del siglo XIX, podría comenzar a descender.
El primer movimiento cripto imaginó un sistema financiero sin bancos centrales, gobiernos, instituciones públicas ni intermediarios de confianza. Sin embargo, el modelo que está emergiendo apunta, según Cipollone, a una dirección distinta: las finanzas digitales podrían terminar siendo una manera más eficaz de utilizar el dinero público.
Piero Cipollone es miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo y presidente del grupo de trabajo de la zona euro sobre el euro digital.

