Fútbol, ese deporte que cautiva a millones alrededor del mundo, es un escenario donde se forjan leyendas. Con frecuencia, los grandes nombres del fútbol están intrínsecamente vinculados a los clubes que los vieron brillar. Diego Armando Maradona y Leo Messi son dos de estos nombres míticos, ambos de origen argentino y ambos con fuertes conexiones a dos clubes en particular: Nápoles y Barça. No son dos clubes cualquiera, son dos instituciones que han dejado una huella indeleble en el mundo del fútbol.
El nombre de Messi es sinónimo de Barça. Pese a que Joan Laporta, presidente del club, optó por no renovar a Messi, alegando dificultades financieras – aunque sí encontró fondos para otros gastos menos esenciales – el legado de ‘La Pulga’ persiste en el recuerdo de los fanáticos culés.
Por otro lado, la figura de Diego Maradona es inseparable del Nápoles. No solo por lo que hizo en el campo, sino también por su carisma, su personalidad, su carácter y por lo que representaba para la ciudad, el Sur de Italia, su pueblo, su afición, sus fans. No existe en el mundo del fútbol, aunque muchos crean que sí, una vinculación tan profunda, tan real, tan auténtica como la que mantiene el pueblo napolitano y el Nápoles con ‘El Pelusa’.
Ahora, el Barça, todavía impregnado del aroma de Messi, se enfrentará al Nápoles en un estadio que lleva, cómo no, el nombre de Diego Armando Maradona. Esta ‘bombonera’ napolitana será el escenario de un partido que significa mucho para Nápoles, el club, la ciudad, su pueblo, los seguidores napolitanos. El Barça, que aún sigue siendo de Messi para muchos, jugará en la catedral de la iglesia maradoniana, con la sensación de que ‘D10S’ fue Maradona y no Messi.
Marco Azzi, cronista del diario ‘La Repubblica’ en Nápoles, recuerda con angustia el día de la muerte de Maradona. Para un napolitano, el fallecimiento de Maradona fue un golpe durísimo, estremecedor. Maradona, que llevó al Nápoles a ganar dos ‘scudettos’ en 1986-87 y 1989-90, es considerado el mayor ídolo de la ciudad.
La llegada de Maradona a Nápoles en 1984 fue un evento trascendental. Eligió Nápoles, una ciudad del maltratado Sur italiano que jamás había ganado nada, sobre otros clubes más poderosos. Esta decisión no fue sólo deportiva, fue una decisión social. Maradona se convirtió en la bandera del Sur contra el poderoso Norte. Fue el revolucionario que necesitaba el pueblo napolitano. Fue el campeón de los pobres.
Hoy en día, la ciudad de Nápoles sigue impregnada del aroma de Maradona. Los murales y altares en su honor se encuentran en cada rincón de la ciudad. El miércoles, el Barça jugará en un estadio bendecido por Diego Armando Maradona. El otro argentino que dejó el Barça por la puerta de atrás. El fútbol, esa pasión que une a millones, sigue siendo un escenario donde las leyendas, como Maradona y Messi, dejan su huella imborrable.
