Un instante particular en la reciente rueda de prensa del reconocido entrenador Luis Enrique captó la atención de muchos aficionados del fútbol. Tras la derrota del Paris Saint-Germain (PSG) en París, Enrique, conocido por su franqueza y su estilo confrontativo, pareció retener algo que quería decir. Lo que calló, quizás para evitar que sonara a una excusa tras la derrota o quizás como una estrategia, fue que su equipo había jugado con el estilo característico del Barcelona, mientras que el Barcelona de Xavi Hernández, no lo hizo.
En el ambiente aún resonaban las palabras que Enrique había pronunciado antes del partido. Había afirmado, sin lugar a dudas, que él representaba mejor el estilo del Barcelona. Aunque no lo dijo explícitamente durante la rueda de prensa, Enrique insinuó su descontento con la estrategia del equipo contrario.
Cuando se le preguntó si Xavi Hernández, el excentrocampista del Barcelona y actual entrenador del equipo, le había sorprendido de alguna manera, Enrique contestó: «Sorprendido en nada, claramente, pero ya sabemos cuál es la manera de superar una presión alta, sobre todo teniendo un portero como Marc-André ter Stegen y un delantero como Robert Lewandowski.»
Las palabras de Enrique apuntaban a la posibilidad de superar la presión alta del rival a través de la utilización estratégica de jugadores clave y tácticas específicas. Añadió, con un aire de provocación, que su equipo continuaría jugando de la misma manera, presionando alto e intentando ser más precisos.
Enrique parecía sorprendido y molesto, casi como si estuviera hablando de la táctica de un equipo menor, como el Mallorca, con su delantero Vedat Muriqi bajando balones. Es cierto que el Barcelona perdió la posesión, al igual que en el partido contra el Nápoles que les clasificó para los cuartos de final. Sin embargo, la paradoja radica en que Xavi Hernández, el gran predicador del ADN del Barcelona, logró vencer a otro alumno de Johan Cruyff utilizando unas ideas más básicas, un juego más vertical, pero con unos jugadores con más ilusión y temperamento.
Xavi también ganó la batalla mental al no responder a las provocaciones de Luis Enrique, quien el día antes le había desafiado a ser más cruyffista que él. El entrenador del Barcelona comprendió que, en un partido de estilos similares, el PSG tendría ventaja, y por un día decidió emular a Groucho Marx: «Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros». Como les gusta decir a los entrenadores, son esos pequeños detalles los que deciden un partido de la Champions League.
Esta confrontación entre Luis Enrique y Xavi Hernández en la rueda de prensa destaca la intensidad y la rivalidad que existen en el mundo del fútbol. A medida que el Barcelona y el PSG continúan compitiendo en la Champions League, los fanáticos y los espectadores estarán pendientes de las estrategias y tácticas empleadas por ambos equipos, así como de las declaraciones y comportamientos de sus respectivos entrenadores.
