La selección española sub-20 pasa con la medalla de campeones del Mundial de Nigeria a su regreso a Madrid, el 26 de abril de 1999.

La historia del futbol español está llena de momentos icónicos, entre los que se encuentra el triunfo en el Mundial sub-20 de 1999. David Bermudo, uno de los jugadores clave en ese equipo, recuerda con nostalgia y orgullo la experiencia que marcó su carrera y su vida. Originario de Santa Coloma de Gramenet y nacido en 1979, Bermudo se unió a un equipo de jóvenes talentos que incluía a futuras estrellas como Xavi Hernández y Gabri García.

El Mundial se celebró en Nigeria, un país que se encontraba en una difícil situación social y política en ese momento. A pesar de los desafíos y del choque cultural, el equipo español logró salir victorioso, coronándose campeones del mundo sub-20, un logro que Bermudo describe como el éxito más grande de su carrera deportiva.

Pero el camino hacia el triunfo no estuvo exento de dificultades. Bermudo recuerda cómo la realidad de Nigeria, con brotes de malaria y meningitis, impactó a los jugadores. La dura realidad del país fue un choque para los jóvenes deportistas, quienes se encontraron con un mundo muy distinto al que conocían en España.

En ese sentido, Bermudo recuerda una escena particularmente impactante: el mercado local, donde la carne y el pescado estaban rodeados de moscas, una imagen que contrastaba fuertemente con la vida a la que estaban acostumbrados. Sin embargo, este choque cultural resultó ser una experiencia enriquecedora que cambió su perspectiva de la vida.

La experiencia en Nigeria también afectó la relación de Bermudo con la comida. Antes del torneo, reconocía ser tiquismiquis con la comida, pero tras presenciar la realidad de un país donde muchas personas solo comían una vez al día, su actitud cambió por completo. De hecho, Bermudo admite que perdió cuatro kilos durante el torneo debido a la calidad de la comida.

En el terreno de juego, las condiciones también eran desafiantes. Los partidos a 40 grados a las 4 de la tarde eran asfixiantes y la amenaza de la malaria estaba siempre presente, lo que llevó a los jugadores a dormir con el chándal puesto para evitar picaduras de mosquitos.

A pesar de las dificultades, el espíritu de equipo y la determinación de los jugadores fueron inquebrantables. Bermudo recuerda cómo los jugadores se unieron para ayudar a los soldados que custodiaban su hotel, recolectando dinero para ellos. También rememora la final contra Japón, donde Xavi Hernández logró aliviar la tensión del equipo con una arenga motivadora antes del partido.

La final contra Japón culminó con una victoria contundente de 4-0 para España. Los jugadores celebraron con alegría, conscientes de que habían hecho historia. Sin embargo, hubo un punto de descontento: la decisión de la FIFA de otorgar el Balón de Oro a Seydou Keita, en lugar de a Xavi Hernández, a quien muchos consideraban el mejor jugador del torneo.

Hoy en día, Bermudo trabaja en un concesionario Volkswagen, pero guarda con cariño los recuerdos de aquel torneo que cambió su vida. Mantiene la medalla de campeón del mundo y comparte la historia con su hijo de 13 años, quien también aspira a ser futbolista. A pesar de que han pasado más de dos décadas, el recuerdo de aquel triunfo sigue vivo, demostrando que los logros deportivos trascienden más allá del campo de juego.