El tablero catalán: una danza de estrategias y movimientos políticos imprevistos
En la rica y diversa tapestry del periodismo, hay una distinción notable entre aquellos que practican el periodismo de investigación, alimentado por revelaciones y secretos, y aquellos que se inclinan más hacia el periodismo intuitivo, utilizando la percepción y la intuición para ofrecer sus narrativas. Yo siempre he sido de la última categoría, guiado más por las enseñanzas de Sigmund Freud y Carl Jung que por las convenciones de la rica tradición periodística.
Recordemos el día que Carles Puigdemont anunció la independencia en el Parlament sólo para suspenderla casi inmediatamente. ¿Cómo supe lo que iba a suceder? Fue en el momento en que empezó a hablar como si la Constitución, la Guardia Civil y el futuro no existieran. Su bravuconería inicial, pensé, era indicativa de una eventual retirada.
El ajedrez catalán: movimientos y contra-movimientos
Recientemente, tuve una experiencia similar al escuchar el inflamado discurso de Agustí Colomines. A pesar de evidencia de que la mayoría independentista había obtenido el control de la mesa del parlamento, sentí una familiar sensación de déjà vu. ¿Cómo pudo ser que los ganadores de las últimas cinco convocatorias electorales en Cataluña no hubieran anticipado este movimiento?
Además, con la publicación de la ley de amnistía en el BOE, uno tiene que preguntarse por qué no se hicieron esfuerzos por prevenir este resultado. ¿Fue por falta de comunicación entre los partidos constitucionalistas? ¿O fue porque los socialistas estaban seguros de que podrían revertir la situación?
Estas son preguntas que, por ahora, permanecen sin respuesta. Pero lo que sí está claro es que, por mucho que se empeñe, Puigdemont no será presidente. Esto ya no depende de aquellos que intentan lo contrario.
El independentismo, aunque no es la mayoría social en Cataluña, ha logrado mantener la ilusión de una mayoría parlamentaria. Esta fachada es vital para ellos, es su pasarela Cibeles, su escaparate al mundo. Sin ella, el trauma sería insoportable.
¿Es posible que la mesa y el intento de investidura de Puigdemont sean el precio a pagar para que los verdaderos ganadores puedan gobernar? ¿Es posible que Illa haya cedido, sabiendo que finalmente se llevará la victoria, y así evita dar entrada al PP en el entramado institucional catalán, el último granero de votos del socialismo español y europeo?
Es difícil creer que quieran volver a las urnas, ni los socialistas, ni una ERC en crisis, ni los sectores de Junts que, aunque no lo admitan públicamente, esperan volver a poner a Puigdemont en su lugar. En quince días, sabremos más.
Este es el complejo tablero de ajedrez de la política catalana, una danza de estrategias y movimientos imprevistos. Un juego en el que los jugadores cambian constantemente, y los resultados son tan inciertos como el clima de Barcelona en marzo.

