El 15 de octubre, Día Internacional del Bastón Blanco, pone el foco en una herramienta que va mucho más allá de detectar obstáculos. Para Alejandro Jiménez, un hombre ciego de 41 años, el bastón representa autonomía, orientación y la posibilidad de desplazarse solo por una ciudad que interpreta mediante sonidos, vibraciones, texturas y referencias memorizadas.
Una rutina construida a través del tacto
Alejandro vive en un piso minimalista, sin decoración. Para vestirse utiliza una máquina que lee los colores y palpa las etiquetas interiores de la ropa para saber cuál es el lado correcto de cada prenda. También presta atención al calzado: cuanto más fina es la suela, mejor puede percibir el terreno. Aunque posee un dispositivo que le indica los tonos de la ropa, reconoce entre risas que apenas lo usa, porque él no verá los colores que lleva.
Hace dos años, con 41, decidió matricularse en los cursos de acceso a la universidad. Cursó la Educación Primaria en la escuela de la ONCE, donde aprendió braille, a utilizar el ordenador mediante el lector de pantalla JAWS —siglas de Job Access With Speech— y a manejar el bastón blanco, una pieza indispensable en su vida cotidiana.
«Todo eso no lo sabes si no vas a la ONCE», afirma. Basta acompañarlo durante una mañana para percibir numerosos detalles que, según explica, las personas videntes suelen pasar por alto. Se hacen evidentes al cruzar Callao entre peatones que avanzan sin detenerse o al utilizar el transporte público. Cuando le preguntan qué se siente al desplazarse con un bastón, responde que resulta difícil de explicar e invita a probarlo.
El bastón blanco, una herramienta de autonomía
El bastón blanco es una ayuda técnica que permite a las personas con discapacidad visual localizar y evitar obstáculos. Sin embargo, su significado supera esa definición. En el contexto del Día Internacional del Bastón Blanco, se presenta como un símbolo de autonomía para personas como Alejandro, que hasta los 17 años debía esperar a que alguien acudiera a recogerlo.
Tras aprender a utilizarlo comenzó a moverse por sí mismo. Al principio lo hizo con miedo y respeto, aunque también con una confianza firme en quienes le rodeaban. El bastón proporciona libertad para desplazarse, guía a quien lo usa y, además, permite que el resto de las personas identifique su situación y pueda prestarle una atención adecuada si la necesita.
Partes, modelos y colores del bastón
Los bastones pueden ser rígidos, fabricados en una sola pieza, o plegables, cuyos tramos están unidos mediante un cordón elástico. Su longitud se sitúa entre los 100 y los 130 centímetros. Entre sus elementos se encuentran la correa, situada junto a la parte superior; la empuñadura; la caña, que forma el tramo alargado; y la contera o punta, que entra en contacto con el suelo.
El color también identifica distintos tipos de discapacidad visual: el bastón blanco se asocia a las personas ciegas y es el que corresponde a Alejandro por su grado de visión; el bastón verde se emplea para personas con baja visión; y el bastón blanco y rojo, para personas sordociegas.
La ONCE explica que el bastón permite percibir los obstáculos que se encuentran en la línea de desplazamiento y evitar impactos. Alejandro recuerda que sus instructores incidían especialmente en la altura adecuada —debe quedar ligeramente por encima del pecho— y en la amplitud del arco que traza al moverlo.
Perros guía y puntas para percibir el entorno
En España hay entre 900 y 1.000 perros de asistencia activos, de acuerdo con la Fundación ONCE del Perro Guía. Estos animales están entrenados para esquivar obstáculos, encontrar espacios libres en el transporte público y localizar la mejor alternativa de paso. Son auxiliares de movilidad que complementan la rutina de sus usuarios.
Precisamente por esa función complementaria, una de las condiciones para solicitar un perro guía es ser usuario habitual del bastón. El animal puede acompañar y evitar impedimentos, pero es el bastón el que permite conocer las características de las superficies: desniveles, inclinaciones, texturas o alturas se perciben mediante el sonido y la vibración.
La elección de la punta depende de las preferencias de cada persona. Entre las opciones están la punta con bola, de extremo esférico; la punta tipo lápiz, más estrecha y alargada; la contera malvavisco, con un extremo cilíndrico más ancho que la caña; y la contera malvavisco giratoria. Esta última es la que utiliza Alejandro.
Las baldosas podotáctiles, un mapa en las calles
Las líneas y puntos que atraviesan Madrid y muchas otras ciudades forman parte de una red imprescindible para la orientación. Están presentes en estaciones de metro, paradas de autobús, pasos de peatones y grandes avenidas. Son las baldosas podotáctiles, obligatorias a nivel nacional y fundamentales para que las personas ciegas se muevan con mayor seguridad.
Alejandro habla de ellas con naturalidad y supone que su textura es conocida por todos: «Hombre, tú también las tocas con el pie». Las baldosas lineales, con relieves paralelos, señalan la dirección de avance. Las baldosas botoneras, de relieves circulares, pueden alertar de la proximidad de un borde, un andén, un paso de peatones o un cambio de nivel.
El paso de relieves lineales a circulares marca puntos de decisión: puede indicar un cambio de trayectoria o una situación de alerta. Además, los colores de las baldosas contrastan con el suelo para que también puedan ser reconocidas por las personas con baja visión.
Trayectos memorizados y aprendizaje compartido
Con la ayuda de estas baldosas, Alejandro construye sus propios mapas mentales. Son recorridos que memoriza en el día a día y que, con frecuencia, aprende junto a otras personas. Su madre le enseñó el camino al instituto y su amiga Matilde le acompañó en numerosos trayectos en autobús hasta que memorizó la ruta entre sus viviendas.
Así sabe que debe tomar el autobús 75 para acudir a los cursos o el 175 para llegar a casa de su amiga. También hay lugares, como su piso o las viviendas de sus amigos, que conoce de memoria y por los que camina sin bastón, aunque reconoce que existe el riesgo de romper algún objeto decorativo.
Antes de determinar si una ruta es viable, los trabajadores de la ONCE comprueban si podrían realizarla en las mismas condiciones que la persona ciega. Alejandro recuerda que una vez pidió a su padre que hiciera el ejercicio de salir de casa con los ojos cerrados y el bastón. Su padre se cayó por las escaleras nada más empezar.
Técnicas para manejar el bastón
El movimiento del bastón se realiza mediante arcos de un lado a otro frente al cuerpo y debe cubrir el ancho de los hombros. Entre las técnicas principales figura la técnica de deslizamiento, en la que la punta mantiene un contacto constante con el suelo y se sitúa en el lado opuesto al pie que avanza.
También existe la técnica de dos puntos: el bastón toca el suelo en los extremos laterales del arco y se eleva al pasar por el centro. La técnica de tacto y arrastre combina ambas modalidades, alternando el deslizamiento sobre el suelo con los movimientos elevados entre puntos de contacto.
Empatía y concentración ante los cambios
Para Alejandro, la empatía no consiste únicamente en decir «ten cuidado». Considera que, en lugar de despedirse con esa advertencia, las personas deberían facilitar las cosas y pensar en las necesidades de quien tienen delante.
La diferencia entre un lugar conocido y otro desconocido es enorme. Reconoce que los cambios le cuestan y que, al recorrer una zona nueva, su primer impulso es llegar cuanto antes. Sin embargo, sabe que pensar así aumenta el nerviosismo. Por eso se concentra por completo en el trayecto: evita conversar mientras camina, incluso por teléfono.
Alejandro asegura que no se aprende igual escuchando, leyendo o tocando. Aunque sabe braille y le apasiona la literatura, prefiere los audiolibros. Su novia, que vive en León, le envía muchas lecturas. Se ven una o dos veces al año, cuando él viaja para verla en autobús o en tren, un medio de transporte que prefiere.
Pese al miedo, a las equivocaciones de algunas personas y a quienes se aprovechan de su situación, ha visitado tres fronteras de países fuera del continente. Ha recorrido España, se ha mudado, se ha enamorado y ha conocido a personas de todo el mundo. A sus 41 años, continúa aprendiendo a leer su ciudad.
