En el mundo de la aviación, la competencia es feroz. Las aerolíneas son auténticas leonas, capaces de todo para mantener su reinado, incluyendo ofrecer vuelos ‘low cost’ y compensar estos precios bajos con suplementos abusivos para el equipaje de mano. Sin embargo, esta astucia palidece en comparación con otra táctica comúnmente utilizada por las compañías: los ‘vuelos fantasma’, una maniobra estratégica que asegura sus derechos sobre las rutas aéreas.
Aunque pueda parecer una locura, especialmente debido al impacto medioambiental que implica, esto es real: las aerolíneas hacen despegar aviones comerciales sin pasajeros ni carga, o con menos del 10% de los asientos ocupados, solo con la tripulación y el tanque lleno de combustible. ¿El motivo? Mantener y proteger sus horarios asignados en los aeropuertos.
Las compañías aéreas tienen franjas horarias asignadas en los aeropuertos, independientemente de las autorizaciones procedentes del control de tráfico aéreo. En este contexto, las compañías más prestigiosas tienen las mejores franjas horarias, tanto de despegue como de aterrizaje. Por otro lado, las aerolíneas de bajo coste o las emergentes suelen tener horarios con menos demanda o a horas intempestivas.
Por primera vez, un tribunal ha condenado a una aerolínea por esta práctica desmedida. Qantas, la aerolínea australiana, ha aceptado pagar una multa de 61,2 millones de euros por la mala praxis de los ‘vuelos fantasma’, a petición del Tribunal Federal de Australia. La compañía también indemnizará a más de 86.000 clientes afectados por la cancelación premeditada de vuelos entre 2021 y 2022.
Para mantener estos privilegios, el Consejo Europeo establece que las aerolíneas deben realizar, al menos, el 80% de los vuelos previstos. De lo contrario, al año siguiente se arriesgan a perder los privilegios a favor de un competidor. Durante la pandemia del COVID-19, se volvió ‘normal’ ver aviones vacíos volando, ya que debían seguir operando para conservar su plaza en los aeropuertos, a pesar de que el gasto económico y las emisiones nocivas eran desorbitados.
La norma europea permite a las aerolíneas un 20% de margen de cancelación, que se agota rápidamente con los imprevistos, como las averías en las aeronaves. Por lo tanto, para evitar problemas, las compañías programan y comercializan los ‘vuelos fantasma’.
Aunque los pasajeros pueden beneficiarse de ciertos trucos, como los vuelos con ciudad oculta o skiplagging, para conseguir billetes más baratos, no es el caso de los ‘vuelos fantasma’. Si las empresas no cumplen con la cuota estipulada, los hacen despegar, aunque estén vacíos. Si están dentro de ese margen, los cancelan, dejando en tierra a miles de personas cada año.
Esta práctica abusiva ha supuesto una grave crisis reputacional para Qantas. Se estima que la compañía operó más de 8.000 ‘vuelos fantasma’ desde la llegada del COVID-19 hasta agosto de 2023.
A pesar de que la primera multa en el mundo por operar ‘vuelos fantasma’ se ha producido en Australia, es en los cielos de Europa y de Estados Unidos donde surcan más aviones vacíos. Lo hacen para cumplir con la cuota establecida, aunque parezca que sea una norma que fomenta la picaresca de las aerolíneas.
La polémica llegó al Parlamento Europeo en 2022, donde un portavoz de la comisión manifestó: «Los vuelos vacíos son malos para la economía y el medio ambiente y es exactamente por eso que tomamos varias medidas para permitir a las compañías no tener vuelos tan vacíos. Si las compañías aéreas deciden mantenerlos, es su decisión, pero no son el resultado de las normas de la Unión Europea».
