Un 22% de los hombres españoles afirma haber sentido en algún momento de su vida, desde los 18 años, algún grado de atracción sexual hacia menores de 16 años. Además, el 10,2% reconoce haber incurrido en alguna conducta de violencia sexual contra niños o adolescentes.

Estas son las principales conclusiones del primer estudio nacional que cuantifica la atracción sexual hacia menores en España. El trabajo ha sido elaborado por el Grupo de Victimización Infantil y Adolescente (GReVIA) de la Universidad de Barcelona y se integra en Prevention Global, una iniciativa internacional de investigación para prevenir la violencia sexual contra la infancia en la que participan países como Alemania, Suiza, Noruega, Brasil y Estados Unidos.

El informe fue presentado este miércoles en Madrid con la asistencia de la ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego.

Un enfoque centrado en quien puede causar daño

La principal novedad del estudio es que no se limita a preguntar a las víctimas ni a revisar estadísticas policiales o judiciales, sino que consulta directamente a hombres adultos sobre si experimentan o han experimentado esta atracción y sobre si han trasladado esos pensamientos a la acción.

La codirectora de la investigación y catedrática de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona, Noemí Pereda, explica que durante décadas la prevención se ha concentrado en enseñar a niños y niñas a protegerse. Sin embargo, sostiene que para evitar nuevas víctimas también es necesario comprender y actuar sobre quienes pueden causar daño.

En la misma línea, Sira Rego señaló que una sociedad comprometida con la protección de la infancia no puede limitarse a reaccionar una vez producido el daño.

Más de 6.000 adultos encuestados

La investigación reúne las respuestas anónimas de 6.010 adultos residentes en España. La mayoría de los participantes estaba en activo laboralmente, era heterosexual, tenía pareja y nacionalidad española. La edad media de la muestra fue de 48,3 años, con respuestas de hombres de entre 18 y 70 años.

Uno de cada cinco encuestados manifestó haber sentido alguna vez atracción sexual hacia menores de 16 años, un resultado que sorprendió al equipo investigador. Según Pereda, el anonimato del cuestionario facilitó que algunos participantes reconocieran fantasías sexuales con niños, masturbación o excitación vinculada a menores.

Una atracción generalmente poco frecuente

En la mayoría de los casos, esa atracción es poco habitual o secundaria respecto a la atracción hacia adultos. El 12,3% indicó experimentarla «casi nunca», mientras que solo el 1,9% afirmó sentirla «casi siempre». Por su parte, el 0,3% declaró sentirse atraído únicamente por niños y no por adultos.

613 participantes reconocen violencia sexual contra menores

De los más de 6.000 participantes, 613 hombres reconocieron haber ejercido violencia sexual contra menores. Pereda subraya que se trata de personas integradas socialmente, con capacidad para tener amistades, pareja, empleo e hijos.

El estudio excluye las relaciones sexuales consentidas entre adolescentes. Para contabilizar conductas relacionadas con chicos o chicas de 16 y 17 años, se han considerado únicamente los casos en que el hombre que reporta la conducta tiene al menos diez años más que la víctima.

Los resultados pretenden dimensionar el problema desde una perspectiva hasta ahora poco abordada. La prevención, según el informe, se fundamenta en tres pilares: la educación afectivo-sexual de niños y niñas, un entorno protector formado por profesionales como docentes o jueces, y la intervención sobre el agresor o sobre quien siente atracción sexual aunque no haya cometido una agresión.

Prevención y atención temprana

El informe pone especial atención en las personas que reconocen esa atracción sin haber ejercido violencia sexual. Del 22% que declara haber sentido algún tipo de atracción hacia niños, el 72,8% no informa de ninguna conducta de violencia sexual.

Este grupo es denominado virtuous pedophiles, o pedófilos virtuosos, porque decide no actuar conforme a sus deseos. Muchos de ellos, advierte Noemí Pereda, fueron víctimas de abusos sexuales durante su infancia.

La investigadora considera necesario ofrecerles tratamiento, dado que ese deseo supone un factor relevante de riesgo. En Alemania, indica, esta cuestión se atiende desde los servicios públicos, mientras que en España el tratamiento se produce únicamente cuando la persona ya ha cometido un delito. Pereda defiende que proporcionar ayuda temprana y confidencial contribuiría a proteger a la infancia.