La semana pasada fue testigo de acontecimientos surrealistas, desde un obispo excomulgado en medio de una disputa de las Clarisas, hasta un zoológico chino que cambió de color a dos perros chow-chow para hacerlos pasar por pandas gigantes. En este mundo donde la realidad a menudo parece desdibujada, los avances en Inteligencia Artificial (IA) están añadiendo una nueva dimensión a nuestra existencia, permitiéndonos interactuar con los muertos como si todavía estuvieran con nosotros.
El especialista en IA, James Vlahos, originario de California, ha creado un ‘chatbot’ de su padre fallecido con el que mantiene conversaciones. Esta tendencia no es única para Vlahos, ya que empresas en China y Corea han desarrollado avatares basados en personas fallecidas, proporcionando consuelo a los seres queridos en lo que se está perfilando como el emergente negocio digital de la vida después de la muerte.
La idea de interactuar con un ser querido fallecido puede parecer atractiva para algunos. Imagínese poder conversar con un abuelo fallecido, poder hacerle preguntas sobre eventos actuales: «– Yayo, ¿tú crees que harán presidente a Illa? ¿O volvemos a elecciones? ¿Cómo lo ves?» Tal vez su abuelo, al igual que el mío, se encogería de hombros con una sonrisa, como solía hacer mientras observaba la vida pasar desde la ventana de su casa.
Esta nueva frontera de la IA, sin embargo, puede no ser bienvenida por todos. La perspectiva de que los robots aprendan a detectar la ironía puede parecer aterradora para algunos. Investigadores en los Países Bajos están enseñando a los robots a descifrar señales humanas sutiles, como una ceja levantada, el énfasis en una sílaba alargada o una cara de agrio limón. La base de datos utilizada para esta formación ha sido bautizada como Mustard (mostaza en inglés), y se está alimentando con series de televisión y comedias de situación como ‘Friends’.
Por ahora, podemos respirar aliviados: la IA todavía tiene un largo camino por recorrer antes de que pueda igualar la chispa de la mente humana. Sin conocer el arte del sarcasmo, esencial para entender la sutileza del lenguaje humano, la IA todavía tiene un largo camino por recorrer.
A pesar de sus limitaciones, la IA está cambiando rápidamente la manera en que interactuamos con el mundo y con los demás. La realidad puede estar adquiriendo tintes surrealistas, pero la tecnología está ofreciendo nuevas formas de entender y navegar por esta realidad cada vez más compleja. Desde chatbots de personas fallecidas hasta robots que aprenden a entender la ironía, la IA está redefiniendo lo que significa ser humano en el siglo XXI.
Los avances en IA pueden ser emocionantes y aterradores al mismo tiempo. Al final del día, sin embargo, la elección de cómo interactuar con estos avances, ya sea abrazándolos o resistiéndose a ellos, está en nuestras manos. A medida que la realidad adquiere tintes surrealistas y el mundo cambia a un ritmo frenético, es esencial que continuemos explorando y cuestionando el papel de la tecnología en nuestras vidas.
