La firma de Enrique Ballester

El anuncio de la partida de Xavi, el famoso entrenador del FC Barcelona, se recibió con una especie de reverencia casi mística. Para muchos, su partida fue un bálsamo para el dolor, una panacea para los males que aquejaban al club y a sus seguidores. Se decía que la decisión había tenido un impacto en los mercados internacionales, había curado enfermedades y había transformado a un equipo que parecía destinado a la derrota en una máquina imbatible. Parecía que la decisión de Xavi era la mejor para todos: para la sociedad, para el Barça y para sus jugadores. Pero quizás, la verdad es que fue la mejor decisión para Xavi Hernández mismo.

Xavi sabe muy bien cuán importante es el tiempo en un club grande como el Barcelona. Aquí, lo que sucede no es tan importante como la habilidad para sobrevivir hasta la próxima oportunidad. No se pierde hasta que te has ido, y lo que sucede no es tan importante como la historia que se contará después, una vez que hayas ganado. Esta temporada, Xavi no ha ganado títulos, pero ha ganado algo quizás más valioso: tiempo. Una cuarta temporada por delante. En un club y una liga así, siempre se gana si se aguanta lo suficiente.

La realidad es que lo que realmente sucede no es tan importante. En la memoria colectiva, se asientan supuestas certezas que nunca sucedieron, pero se perciben como verdades. El aficionado medio probablemente atribuye a Xavi un papel crucial en la Champions League ganada con Rijkaard y Ronaldinho, a pesar de que no jugó un solo partido europeo desde principios de noviembre debido a una lesión. Sin embargo, nunca se le responsabilizó por la estrepitosa caída de aquel equipo, a pesar de que jugó todos los partidos y más que nunca.

En el mundo del fútbol, negar la realidad, huir de la coherencia, abrazar excusas y seguir adelante es un mecanismo de defensa legítimo y una fórmula de éxito bastante aceptable. El Xavi jugador fue astuto desde el principio y se dio la oportunidad, y fue aún más astuto en la victoria para instaurar su narrativa en la vitrina de las verdades populares, oficiales e incontestables. Ahora, el Xavi entrenador espera repetir la hazaña.

Porque nunca se sabe en un gran club, te tienen que echar. Quizás surja un Messi con el número 10 y un Guardiola con una pizarra y años después te llamen oráculo para entrevistarte. Admiro profundamente esa capacidad para salvarse. Admiro esa capacidad para ser una pieza clave de las victorias, pero no de las derrotas, pase lo que pase. En breve volverá a decir que el Barça es el club más difícil, y nadie recordará lo que hoy parece unánime.

Ahora resulta que los mismos jugadores que dieron lo mejor de sí tras saber que el entrenador se marchaba realizaron «uno de los mejores entrenamientos de la temporada» tras conocer que se quedaba. Son las nuevas propiedades. El Xavi entrenador es aún una incógnita que de momento se asegura otro viaje. El Xavi jugador resulta poco amable en comparación.