La alcaldesa de Esplugues de Llobregat, Pilar Díaz (PSC), anunció que su ciudad se está convirtiendo en una nueva centralidad metropolitana. En la presentación del futuro Distrito de Innovación que proyecta el municipio del Baix Llobregat, se ha reivindicado este nuevo estatus. El acto tuvo lugar en el Espai Corberó, una joya arquitectónica local, y contó con la presencia de unas 300 personas, incluyendo políticos, académicos y representantes del tejido económico e innovador. Este plan apenas comienza a despegar, con una visión a largo plazo que se extiende hasta 2040.
Representantes de los ayuntamientos de Esplugues y L’Hospitalet de Llobregat aprovecharon la ocasión para exponer las potencialidades del polo biomédico y de innovación que se está desarrollando al sur de Barcelona. Esta zona está inmersa en grandes procesos urbanísticos que buscan cambiar la percepción de estos territorios como periféricos, a menudo con una connotación peyorativa, para destacar su nuevo estatus como capitalidades metropolitanas.
Según Díaz, si se logra atraer a las empresas y al “talento” necesario para materializar estos planes, el área del Hospital Sant Joan de Déu de Esplugues se convertirá en «el epicentro de un distrito biomédico basado en un ecosistema de economía del conocimiento donde de forma natural se ubicarán empresas de alto valor añadido». Un panorama similar al que se proyecta en las inmediaciones del Hospital Universitari de Bellvitge de L’Hospitalet.
Cuando se habla de Barcelona, cada vez es más frecuente hacerlo en su dimensión metropolitana. La Barcelona de los 3,3 millones de habitantes, que incluye los municipios del área metropolitana, o la de los 5,5 millones, conocida como región metropolitana, son las unidades de medida más habituales cuando se habla de la capital catalana en términos económicos, de vivienda o movilidad.
Municipios fronterizos con la capital catalana como Esplugues, con su Distrito de Innovación, L’Hospitalet, con el PDU Biopol-Granvia —que la semana pasada se aprobó de forma definitiva—, o Sant Adrià y Badalona, con la transformación del espacio de las Tres Xemeneies y la zona del Hospital Germans Trias i Pujol (Can Ruti), tratan de atraer grandes proyectos económicos que tienen difícil cabida en una Barcelona ya altamente encorsetada por las propias fronteras de su término municipal.
Estos proyectos tienen una importante incidencia local, pero también reivindican su papel dentro de la economía catalana y refuerzan su posición frente al extranjero gracias al paraguas que ofrece la ‘marca Barcelona’. Se estima que, a pleno rendimiento, el polo biomédico que comparten L’Hospitalet y Esplugues, catalogado como proyecto de país, generaría potencialmente una contribución de hasta el 1,86% del PIB total de Catalunya —unos 4.500 millones de euros anuales.
El tercer teniente de alcaldesa de L’Hospitalet, David Quirós (PSC), también intervino en la presentación, destacando que estos planes son “una oportunidad para generar oportunidades, tanto para la economía, como para las propias ciudades. “Las ciudades del área metropolitana, en un pasado, hemos vivido de espaldas a Barcelona y hace ya un tiempo que hemos pensado que la Gran Barcelona debe tener una visión metropolitana”, añadió Quirós.
En una área metropolitana tan atomizada como la de Barcelona, el urbanista e investigador en Ciencia de las Ciudades en la universidad Harvard, Ramon Gras, señaló que entre las fortalezas del área donde se prevé ese Distrito de Innovación destaca una “diversidad de servicio y manufacturas muy grandes”, es decir, que en el área de Esplugues y Barcelona, por ejemplo, tienen presencia casi la mitad de los 700 tipos de industrias categorizados a escala internacional.
Sin embargo, Gras también destacó que los picos de excelencia en estos ámbitos “son escasos” y que las potencialidades no están explotadas. Además, señaló que existen “debilidades estructurales” como una “dependencia excesiva de algunos sectores de actividad como es el turismo”, mientras que otros sectores más vinculados a la investigación no han terminado de consolidarse. Esta es una condición que Gras identificó como un reto en el que trabajar en los próximos años para ayudar a materializar los proyectos presentados.
Gras también habló de la relación que deben tener los distintos puntos que ahora se plantean a ambos lados de Barcelona en materia de salud y biomedicina. Sugirió que, si cada ciudad trata de hacer lo mismo en vez de funcionar como aliados complementarios, puede haber “redundancias”. En este sentido, Quirós también se refirió a este riesgo y abogó por un modelo de cooperación entre localidades en el que “cada ciudad aporta su singularidad para formar parte de un mismo discurso”.
En la presentación también intervino Eduard Sanz (PSC), primer teniente de alcaldesa, quien defendió que las ciudades, con los planes urbanísticos y los proyectos planteados, han creado ya las condiciones para hacer posibles estos nuevos polos económicos. Hizo un llamamiento a las administraciones supramunicipales, principalmente a la Generalitat, para que se involucren.
Una de las asignaturas pendientes de la zona donde se prevé el polo biomédico de Esplugues es mejorar la conexión con las intersecciones fronterizas de L’Hospitalet y Barcelona, donde se ubica el campus de la Universitat de Barcelona (UB), entre otros equipamientos, y donde está proyectada también la construcción del nuevo Hospital Clínic. Además, Sanz recordó la necesidad de la prolongación de la L3 del metro hasta Esplugues y Sant Joan de Déu: “Es vital”. Quirós también insistió en la importancia de que la Generalitat acompañe el proyecto con el diseño de “nuevos planes de formación que nos pedirán la industria y los mismos espacios”.
En el contexto histórico, el plan ‘Porta Diagonal’, pieza urbanística clave para el desarrollo del Distrito de Innovación, halla sus orígenes a principios de la década de los noventa. Fue en 1991 cuando las empresas Cauval y Fecsa propusieron un plan urbanístico para transformar el importante acceso a Barcelona junto a la ladera de Collserola. Sin embargo, el proyecto se ha enfrentado a la oposición vecinal desde sus inicios, y se ha reformulado varias veces a lo largo de los años. La última renovación del convenio urbanístico entre el Ayuntamiento de Esplugues y las promotoras tuvo lugar en marzo de 2021, permitiendo los avances actuales.
El PDU Biopol-Granvia de L’Hospitalet también ha enfrentado oposición política y vecinal durante años. Actualmente, la entidad No Més Blocs ha iniciado una campaña de financiación para presentar un recurso contencioso-administrativo con la intención de que los tribunales paralicen el proyecto.
