Una situación que el autor considera inasumible

La semana ha sido, en opinión del autor, terrible. Mientras miles de personas a las que denomina «invasores» permanecen en Ceuta, el accidente de Urda, que ha dejado por el momento 69 muertos entre un amasijo de hierros, vuelve a golpear a la sociedad.

El texto recuerda que Pedro Sánchez afirmó, pocas horas después del siniestro, que dos accidentes del AVE en menos de un año, con más de cien fallecidos en conjunto —el 72% de las muertes atribuidas a la alta velocidad en el mundo, según sostiene—, eran una situación inasumible. Sin embargo, el autor reprocha que, precisamente por ser inasumible, nadie haya asumido responsabilidades.

También cuestiona que no se hayan depurado responsabilidades por Adamuz, por la llegada de personas a Ceuta por tierra y mar ni por el apagón.

Promesas políticas y críticas a la gestión

El artículo sostiene que Sánchez prometió el regreso de Puigdemont y que el que fuera prófugo está próximo a volver, según el autor, aplaudido y «triomfat», sin esposas ni guardias civiles a su lado. Para el columnista, este desenlace supondría el cumplimiento de aquella promesa.

Asimismo, recuerda el compromiso de ser implacable frente a la corrupción, aunque menciona los casos de Ábalos, Koldo y Tito Berni, a quienes atribuye haber traicionado la confianza del presidente. También alude a la promesa de combatir los fondos buitre, una lucha que, a su juicio, se diluyó al aparecer personas de ese ámbito en el entorno próximo del Gobierno.

El autor cita igualmente el rechazo inicial a pactar con Bildu y a gobernar con Podemos, compromisos que interpreta como cambios de opinión posteriores. Añade la aparición de unas joyas en la caja fuerte de quien denomina el «faro ideológico» del presidente y critica que no se hayan presentado presupuestos anuales durante la legislatura, pese al compromiso de hacerlo.

Medidas pendientes y discurso electoral

Pese a estas críticas, el autor afirma que los millones de ciudadanos que siguen confiando en Sánchez aún cuentan con varios «martes sociales» para recuperar respaldo. Cita como posibles anuncios las subidas de las pensiones, de los salarios de los funcionarios y otras medidas sociales. También sostiene que el presidente puede tratar de demostrar que cumple y que el «muro» levantado entre las dos mitades de España permanece firme.

El debate sobre el gasto y las prioridades

El texto plantea que desde hace demasiado tiempo se discute sobre quién ocupa el lado correcto de la historia, una posición que, según el autor, parece ser asignada por personas que se consideran capaces de determinarla al margen de la voluntad individual.

El columnista se sitúa en el lado que considera incorrecto porque le preocupa que se destinen cantidades elevadas y porcentajes crecientes del PIB al gasto social sin que, en su opinión, disminuya la indignación social, reflejada en la quema de calles, incendios de contenedores, destrucción de comercios y daños al mobiliario urbano.

Reconoce que parte de ese gasto se dirige a necesidades y actuaciones justas, a corregir carencias y a ayudar a quienes lo necesitan. No obstante, critica que también se emplee, según su planteamiento, en pagar favores a personas que no lo merecen, trasladar documentos inútiles, abonar salarios no ganados —como el de medio centenar de inspectores de trabajo sin plaza ni destino que cobran mensualmente— y sostener a políticos que, en su opinión, entorpecen la gestión.

Sanidad, educación, pensiones y seguridad ferroviaria

El autor defiende que nadie se opone a mejorar la sanidad, la educación de los hijos, unas pensiones suficientes, la protección a la dependencia o el acceso de Mari Carmen a una vivienda digna. Considera además que hoy nadie se opondría a reforzar el mantenimiento y, con ello, la seguridad de los trenes.

Sin embargo, sostiene que los recursos pueden no alcanzar para todo y que ha llegado el momento de establecer prioridades. Propone esforzarse más para producir mejor, generar más PIB y después repartirlo de una forma más eficaz. Frente a ello, critica las propuestas de trabajar menos horas, asociadas a la señora Díaz, y el aumento de las ausencias laborales que atribuye a la permisividad de los sindicatos.

La necesidad de decisiones presupuestarias

Finalmente, el artículo cuestiona si estos asuntos se escuchan en los discursos de campaña y si los partidos priorizan las necesidades reales o se limitan a prometer más gasto. El autor duda de que alguien se atreva a hablar de ajustes o de los temidos recortes, aunque considera que acabarán produciéndose pese a las negaciones actuales.

A su juicio, serán inevitables cuando sea necesario elaborar unos presupuestos. Concluye que habrá que distribuir los ingresos generados y decidir de dónde obtener más recursos, procurando no desincentivar a los emprendedores, a quienes atribuye la creación efectiva de riqueza.