El cambio climático es un fenómeno que ha sido objeto de múltiples interpretaciones y teorías a lo largo de los años. Algunas de estas teorías son tan descabelladas que traspasan el límite de lo creíble y entran en el terreno de las teorías conspirativas. Un ejemplo de esto es la creencia de que el cambio climático es un engaño, de que el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, está provocando una sequía en España y que la invasión rusa de Ucrania es responsabilidad de Greta Thunberg.
Estas afirmaciones, sin embargo, no son más que falsedades. A pesar de ello, han logrado penetrar en las masas, convenciendo a decenas de miles de personas en todo el mundo de que son víctimas de una conspiración global. Las redes sociales han jugado un papel crucial en la propagación de estas teorías, actuando como cómplices en la difusión de la desinformación.
Los expertos advierten que este problema podría estar creciendo. Según el último informe del Observatorio de la Comunicación del Cambio Climático, publicado en abril de 2023, hasta un 27% de los mensajes sobre el clima publicados en Twitter en España contenía elementos negacionistas o escépticos. En un 11.2% de los casos, se vertía «algún tipo de discurso de odio«. Esta violencia, que ha aumentado tras la compra de la plataforma por parte de Elon Musk, ha provocado el éxodo de hasta un 47.5% de los usuarios que informaban de la crisis climática.
La desinformación climática no es un fenómeno nuevo. En la década de los 80, cuando la preocupación por el aumento de la temperatura del planeta cobró fuerza, los gigantes del petróleo, el carbón y el gas —con Exxon a la cabeza— recurrieron a la publicidad para engañar a la ciudadanía y ocultar el impacto nocivo de su negocio.
Con la llegada de plataformas como Facebook, Instagram, TikTok, Youtube y X (la antigua Twitter), los impulsores del negacionismo climático han aprendido a usar tácticas más sutiles y atractivas para amplificar sus mensajes. Estas plataformas, la mayoría de ellas con sede en Estados Unidos, gozan de impunidad gracias a una ley de 1996 que dicta que no son responsables legales del material que se publica en ellas.
A pesar de las políticas de moderación de contenido adoptadas por estas redes sociales, organizaciones climáticas como Climate Action Against Disinformation critican la falta de medidas efectivas y la opacidad de estas plataformas. La periodista Carmela Ríos, experta en desinformación, denuncia que las redes sociales favorecen los bulos y la radicalización de los contenidos.
La desinformación también circula cada vez más a través de aplicaciones de mensajería cerrada como WhatsApp y Telegram, lo que dificulta su control y refutación. Las grandes plataformas de redes sociales, además, se benefician económicamente de la desinformación. Youtube, propiedad de Alphabet (matriz de Google), ganaría hasta 13.4 millones de dólares al año gracias a los anuncios colocados en vídeos negacionistas.
La desinformación también puede traducirse en amenazas específicas y desproporcionadas, principalmente contra mujeres periodistas, divulgadoras y activistas climáticas. Un manifiesto publicado recientemente por varias organizaciones periodísticas y climatológicas de España pide a las autoridades tomar medidas contra la «avalancha sin precedentes» de negacionismo y contra las «campañas orquestadas de acoso».
A pesar de la evidencia científica que respalda la existencia del cambio climático, los expertos advierten de un «fuerte regreso» del negacionismo. Según un estudio reciente de la Universidad de Ginebra, al menos un tercio de las personas todavía duda de la realidad del cambio climático y constata que la desinformación es «extremadamente persuasiva, en general más que la información científica».
En resumen, la desinformación climática es un problema creciente que se está propagando a través de las redes sociales y otras plataformas digitales. Las tácticas utilizadas por los negacionistas han evolucionado y se han vuelto más sutiles, dificultando la lucha contra la desinformación. Sin embargo, a pesar de las dificultades, los esfuerzos continúan para contrarrestar estas falsedades y promover una información precisa y basada en la ciencia.
