Joan Laporta, presidente del FC Barcelona, parece estar navegando por mares turbulentos. La atmósfera que envuelve al famoso club de fútbol tiñe de un color extraño los sucesos que se desdoblan en su interior. Laporta, como siempre, se muestra indiferente a estos desarrollos, insistiendo en que aunque le «ocupa», no le «preocupa».
A medida que pasan los días, semanas, meses, años, y temporadas, la controversia sigue girando en torno al nuevo Camp Nou. Las novedades no se detienen ahí. La salida de Maribel Meléndez, una alta ejecutiva económica del club, sin hacer ningún comentario público, y la partida de Eduard Romeu, jefe de finanzas, son los últimos giros en este fascinante drama.
Deco, el Director Deportivo, ha tenido la audacia de anunciar que sigue recibiendo comisiones, aunque de una manera diferente. Como defensa de su conducta, Deco ha presentado al ‘compliance’ como su valedor, aunque su reputación no lo respalda como una buena coartada. A esto se añade la solicitud de Josep Cubells, el secretario de todos los directivos, de recibir remuneración. No solo él, sino todos los directivos.
Los recientes desarrollos han ocurrido de manera rápida, en cuestión de días, no meses ni años. Laporta podría aparecer hoy en una de sus interminables entrevistas y afirmar que la idea de cobrar no está ni bien vista ni contemplada. Sin embargo, es el presidente quien, según el informe de la SER, tiene permanentemente en rojo el semáforo del gasto de la presidencia, lo que sugiere que su departamento no carece de recursos.
Las idas y venidas en el club no se detienen ahí. El club, que ganó de manera arrolladora, no tenía cómo avalar. Apareció un benefactor dispuesto a ceder 40 millones de euros al club. Este benefactor, a su vez, nombró a su amigo, que no es socio del club, como vicepresidente económico. Sin embargo, al final, el benefactor acabó vomitando sobre Laporta, lo que resultó en la salida de este empleado de lujo por la puerta trasera.
Los casos de José Elías y Eduard Romeu son ejemplos perfectos de cómo los sedientos de fama y lujo pueden ser utilizados en el ‘estilo Laporta’ de ‘qui dia passa, any empeny’, para luego prescindir de ellos.
La junta directiva del club, que se niega a contratar profesionales asalariados como CEO, Director General, vicepresidente económico o Directora Corporativa, ha lanzado ahora la propuesta de cobrar. Tal vez, como dice Laporta, los mejores profesionales son los directivos.
El club se presentó, ganó, o más bien arrasó, con una lona y la promesa de que renovarían a Leo Messi. Cambiaron el Código Ético del club para contratar a familiares y, a los tres años, a mitad de mandato, piden cobrar.
A pesar de toda la controversia, Laporta y sus directivos parecen estar navegando con confianza, aunque el color de los acontecimientos y el olor que emana del club sugieren lo contrario. La pregunta sigue siendo, ¿qué pasará después?
