Donald Trump inició una profunda remodelación de su equipo después de la derrota republicana en las elecciones de medio mandato. El presidente estadounidense reaccionó dos días después de los comicios y acabó relevando a su jefa de Gabinete, Susie Wiles, a quien sustituirá Stephen Miller, hasta entonces subjefe de Gabinete.

El relevo de Susie Wiles tras la derrota electoral

El martes por la noche, mientras estaba sentado junto a Wiles en la Sala Este de la Casa Blanca, Trump siguió los resultados que dieron la victoria a los demócratas en Texas, Iowa y Kansas. También estaban en riesgo Misisipí y Alaska. Días más tarde, al comprobar la dimensión de la derrota en la cobertura de las principales cadenas de televisión y ver que incluso sus partidarios le atribuían responsabilidad, el presidente concluyó que había sido engañado.

El pasado jueves por la noche, Trump estalló en el Despacho Oval y, según el relato, despidió a gritos a Wiles, conocida como la «dama de hielo» y una figura clave en su triunfo electoral de 2024. Wiles salió humillada y presentó su dimisión poco después. Trump le indicó inicialmente que estudiaría la situación, pero al día siguiente comunicó el nombramiento de Miller como su sustituto.

Wiles ya afrontaba una situación delicada dentro de la Administración, en parte por la filtración de lo ocurrido en julio tras la cumbre de la OTAN en Ankara. Ante la prensa, Trump subió al Air Force One, pero minutos después un camión de cátering lo recogió en el lado opuesto del avión para trasladarlo, fuera de la vista de los periodistas, a una aeronave militar más pequeña con destino al Reino Unido. Los servicios de seguridad temían entonces un posible ataque iraní.

Un entorno basado en la lealtad y los elogios

Trump vive rodeado de un círculo que limita los mensajes críticos. Su asistente personal, Natalie Harp, selecciona las publicaciones que le llegan desde las redes sociales e imprime aquellas que considera que le agradarán. Por su parte, Miller y el director de comunicación, Steven Cheung, se cuidan de contradecir al presidente.

Las reuniones televisadas de su equipo reflejan esta dinámica: los secretarios intervienen por turnos y elogian al presidente ante las cámaras. Quienes se han atrevido a discrepar dentro de la Casa Blanca han ido abandonando sus puestos. Tampoco existe diálogo con las corrientes críticas del Partido Republicano ni con los demócratas de la oposición.

Trump regresó al poder en 2025 con un equipo cohesionado y elegido por su lealtad. Sin embargo, la Casa Blanca comienza ahora a asemejarse a la de su primer mandato. Entre las salidas de mayor relevancia figuran varias mujeres: Kristi Noem, Tulsi Gabbard, Pam Bondi y Lori Chávez-DeRemer dejaron sus cargos en primavera; Karoline Leavitt lo hizo en agosto, y ahora se suma Wiles.

Stephen Miller gana poder en el Ala Oeste

Para Trump, dos puestos son especialmente decisivos: el jefe de Gabinete, que controla el Ala Oeste, y la persona encargada de defenderle públicamente. Con la designación de Stephen Miller como jefe de Gabinete, el presidente refuerza las políticas más controvertidas de su Administración.

La tarea de actuar ante las cámaras fue ofrecida a Dana White, presidente de la UFC, promotora de artes marciales mixtas. No estaba claro si aceptaría el puesto, ya que, según CNN, White habría rechazado anteriormente la propuesta. No obstante, TMZ aseguró, citando a «fuentes de conocimiento directo», que tenía previsto reunirse personalmente con Trump para abordar el asunto.

Leavitt, una de las portavoces más eficaces de Trump, anunció su salida poco después de reincorporarse de su baja por maternidad. Su marcha se produjo tras conocerse la operación de evacuación del presidente en un camión de cátering, considerada un fallo de comunicación. Trump tardó semanas en designar a una sustituta, Katie Zacharia, que permaneció solo cinco días en el cargo.

La salida de Wiles también deja incertidumbre sobre el futuro del equipo llegado de Florida. Trump ya había advertido antes de las elecciones de medio mandato a James Blair, uno de los responsables de la estrategia conservadora. Blair viajó a la República Srpska, entidad serbia dentro de Bosnia y Herzegovina, para asesorar al partido prorruso de Milorad Dodik. En ese desplazamiento estuvo acompañado por Chris LaCivita, que dirigió junto a Wiles la campaña de 2024.

Cuando se conoció el viaje, Trump tomó distancia públicamente de ambos y amenazó con despedirlos si sus actividades empresariales provocaban un conflicto de intereses.

Wiles quería continuar hasta febrero

Según la prensa, Susie Wiles pretendía mantenerse en el puesto hasta febrero y así se lo pidió a Trump, pero el presidente optó por adelantar el relevo. Dos meses antes, Wiles había anunciado que los médicos ya no detectaban indicios del cáncer de mama que le fue diagnosticado en marzo. Durante el tratamiento, continuó al frente de la Casa Blanca sin solicitar una baja.

Tras confirmarse el alcance de la derrota electoral, también comenzó a sonar el nombre de Pete Hegseth, secretario de Guerra y uno de los principales defensores de los ataques contra Irán, como posible destituido. Trump llegó a preguntar a sus asesores si debía mantenerlo en el cargo.

Una fuente próxima al presidente citada por CNN señaló que varios asesores apuntaron al equipo de Wiles como origen de las filtraciones y sostuvieron que trataba de desviar la atención hacia el Pentágono. El viernes, Trump ratificó su confianza en Hegseth. Horas después anunció la salida de Wiles y el ascenso de Miller.

El secretario de Guerra fue uno de los primeros en celebrar la promoción de su amigo y socio. Aun así, Trump ya había advertido de que habría más cambios en su Administración, en una nueva etapa de reorganización tras el revés republicano.