Hacer justicia al crimen del coruñés Diego Bello en Filipinas, una «labor de hormigas»

Diego Bello Lafuente: Un Caso de Injusticia a Más de 12.000 Kilómetros de Casa

El trágico final de la vida de Diego Bello Lafuente ocurrió en Filipinas, una distancia de 12.000 kilómetros desde su casa natal en La Coruña, España. Los detalles del caso están siendo juzgados en Manila, la capital filipina, aunque las circunstancias exactas de su muerte, a manos de la policía local en 2020, pueden no ser completamente esclarecidas en el veredicto.

El intento de comprender la investigación desde una perspectiva occidental sobre el entonces jefe de policía de General Luna, el capitán Wise Vicente Panuelos, y los sargentos Ronel Azarcón y Nino Boy Esmeralda, puede resultar inútil. El sistema procesal filipino es considerablemente diferente al español y al estadounidense. En Filipinas, es común que transcurran hasta 10 años desde el incidente antes de que llegue a juicio.

Guillermo Mosquera, abogado de la familia Bello Lafuente, viajó a Filipinas junto con los padres de Diego, Pilar y Alberto. Según explicó, en el sistema judicial filipino, se lleva a cabo una «mini vista» cada mes, donde un testigo da su testimonio.

Un Emprendedor Apasionado Encontró su Final en Filipinas

Diego Bello Lafuente, de 32 años, fue asesinado bajo circunstancias turbias. Se especuló que pudo haberse cruzado con personas poderosas a quienes molestaban su presencia y sus negocios. Diego era un trotamundos, un aventurero y un emprendedor que amaba el surf y el buceo. Había vivido en varias partes del mundo antes de establecerse en Siargao, Filipinas, donde fundó un restaurante, dos tiendas de ropa, un estudio de tatuajes y un negocio de guías turísticos.

La muerte de Diego y los eventos que la siguieron ocurrieron en un país con una visión de la vida muy diferente a la occidental. La policía filipina inicialmente retrato a Diego como un importante narcotraficante en la región, lo que la familia y su abogado consideran un intento de encubrir su asesinato.

La versión oficial de los hechos sostiene que Diego fue asesinado durante una presunta operación de venta de droga, en la que se dice que sacó una pistola del calibre 45. Sin embargo, la evidencia forense indica que Diego fue disparado «de arriba a abajo», lo que sugiere que fue abatido mientras estaba en el suelo, y que la escena del crimen fue manipulada.

Los vecinos de Diego han declarado que, contrariamente a la afirmación de la policía, no hubo un disparo previo a que Diego gritara, sino que fue asediado y asesinado. Sin embargo, el temor a declarar es un problema significativo en estos casos.

La familia de Diego Bello ha luchado incansablemente durante cuatro años para limpiar su nombre y llevar a sus asesinos ante la justicia. Han trabajado para ser escuchados por partidos políticos e instituciones, y para que las autoridades diplomáticas españolas se involucren en el caso. Mosquera señala que si no fuera por este esfuerzo persistente, la lucha por la justicia para Diego habría sido abandonada hace mucho tiempo.

Aunque los presuntos asesinos están siendo juzgados, la lucha de la familia Bello Lafuente está lejos de terminar. Durante su visita a Filipinas, los padres de Diego y su abogado planean reunirse con fiscales, senadores, el embajador, el bufete de abogados filipino y la prensa local. La presión internacional puede desempeñar un papel crucial en la aceleración del proceso judicial, según Mosquera.

A pesar de los reveses y desafíos, la familia y el abogado de Diego están decididos a continuar luchando por la justicia. Incluso con la reciente noticia del aplazamiento del juicio, siguen comprometidos con su causa. «El tiempo que necesiten para hacerle justicia a Diego no supone nada», dijo Mosquera en una entrevista. La familia de Diego no se rendirá hasta que se haga justicia.

[Información actualizada el 17 de junio de 2024, tras conocerse que la vista quedaba suspendida.]