El sarampión, una antigua amenaza para la salud pública, está volviendo a surgir en Europa, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En años recientes, los casos se han cuadruplicado en el continente, pese a las esperanzas de que la propagación de la enfermedad se había estancado. Sin embargo, la reciente detección de un caso importado por la Agència de Salut Pública de Catalunya (Aspcat) en enero, y otro paciente, un niño residente en Catalunya, han hecho saltar las alarmas.
Además, en España, brotes de sarampión en Toledo y Alicante han vuelto a poner el foco en esta enfermedad muy contagiosa. La OMS señala que ha habido un «alarmante» aumento en países como Rumanía, lo que ha generado preocupación a nivel internacional.
El sarampión es una de las cinco enfermedades exantemáticas clásicas de la infancia. Afortunadamente, la incidencia de esta enfermedad ha disminuido progresivamente en España desde la introducción de la vacuna contra el sarampión en 1978.
Pero, ¿cómo se transmite el sarampión? Normalmente, el sarampión se contrae durante la infancia, entre los 12 meses y los 4 años. Es una enfermedad muy contagiosa, que se transmite a través del contacto directo con una persona infectada, o bien por el aire, con las gotitas de Pflügge (minúsculas secreciones que expulsamos al hablar, toser o estornudar). Las personas que tienen sarampión son contagiosas hasta 5 días antes y hasta 4 días después de que comience la erupción, y el contagio es mayor mientras el paciente tiene fiebre, mocos o tos.
Los síntomas del sarampión son variados. La fiebre alta y puntitos blancos en la piel rodeados de un halo de inflamación rojo (lo que médicamente se conoce como el exantema maculopapular) son los principales síntomas de esta enfermedad. Además, se pueden identificar otros síntomas como conjuntivitis o rinitis. En adultos puede ir acompañado de gastroenteritis y afectación hepática.
La manera más utilizada para facilitar el diagnóstico temprano del sarampión es realizando un análisis de sangre que permitirá la detección de los anticuerpos frente a la infección.
La única manera de prevenir el sarampión es vacunarse. Actualmente, se dan dos dosis de la vacuna del virus atenuado, una a los 12 meses de edad y otra de recuerdo a los 4 años.
En cuanto al tratamiento para el sarampión, no existe un tratamiento antiviral específico. Cuando alguien sufre el sarampión el tratamiento que recibe es a base de antitérmicos para la fiebre y antitusígenos para la tos. Durante la infección, el enfermo debe guardar reposo y mantenerse bien hidratado. Los antibióticos solo se administran cuando aparecen complicaciones bacterianas.
Es importante recordar que si una persona ha padecido el sarampión queda inmunizada para toda la vida; no obstante, prevenir esta infección es importante, ya que puede tener secuelas graves. Por tanto, la vacunación es fundamental para mantener a raya esta enfermedad y evitar su propagación.
