Pantano de Mequinensa.

El Observatorio del Agua, que representa a los colegios de Ingenieros de Caminos, Industriales, Agrónomos y Economistas, ha defendido durante meses la urgente necesidad de interconectar las redes de agua en alta de Tarragona (CAT) y Barcelona (ATL). La medida, que consideran crucial para prevenir restricciones significativas en el Área Metropolitana de Barcelona y otros lugares dentro de las cuencas internas si no llueve en los próximos meses, ha sido recibida con cierta controversia.

El Observatorio ha propuesto varias medidas adicionales, pero esta es la más simbólica debido a las implicaciones territoriales que conlleva. Argumentan que una parte del agua del Ebro, que ahora se deriva a Tarragona y no se utiliza, podría ser utilizada en el área metropolitana de Barcelona durante la situación de emergencia actual, y hasta que lleguen los nuevos recursos de reutilización, regeneración y desalinización previstos por el Gobierno.

La solución propuesta por el Observatorio implica la construcción de una tubería de 65 Km y estaciones de bombeo que permitan enviar agua de un sistema al otro en un plazo de ocho meses. Esta infraestructura no sólo está pensada para abastecer a Barcelona en tiempos difíciles, sino también para aumentar la resiliencia de un sistema de gestión que actualmente no está preparado para enfrentar las amenazas del cambio climático.

Una vez que se hayan implementado nuevos recursos de agua –regeneración y desalinización– en Barcelona, esta tubería podría ayudar a resolver posibles episodios de sequía que afecten al Ebro o a Tarragona, y también responder más rápidamente a averías, paradas operativas de las plantas o episodios de contaminación. Un sistema interconectado y redundante, similar a la red eléctrica o de telecomunicaciones, es imprescindible en un país severamente afectado por el aumento de la temperatura global y la escasez e irregularidad de las lluvias, como España.

Existen críticos a la interconexión que alegan que puede provocar un apocalipsis para el Delta del Ebro. Sin embargo, el Observatorio ha señalado que la cuenca del Ebro tiene actualmente un volumen embalsado de 5.180 hm³. El embalse de Mequinensa almacena actualmente unos 1.100 hm³, después de verse obligado a desembalsar la pasada semana 84 hm³ en poco más de dos días al superar el 80% de su capacidad, para prevenir inundaciones.

Este volumen desembalsado equivale a más del consumo anual de agua de la ciudad de Barcelona. La interconexión propuesta representaría, a lo sumo, poco más de la mitad de este desembalse de dos días. Si lo vemos en términos diarios, la interconexión propuesta solo supondría derivar el 0,3% del caudal que, de media, pasa por Tortosa. El Observatorio sostiene que es difícil argumentar que tres milésimas del caudal del Ebro puedan tener un impacto en la aportación de sedimentos, los regantes o la ecología del delta.

Para calmar las preocupaciones sobre el futuro del Delta del Ebro, el Observatorio propone que la obra de interconexión se acompañe de una ley clara que regule el uso exclusivamente en situaciones de emergencia. Las reservas del sistema Ter-Llobregat están actualmente por debajo del 15%, mientras que entre los embalses de Mequinensa y las cuencas catalanas del Ebro se acumulan 2.000 hm³ de reservas.

Con estas condiciones, y con la posibilidad de solucionar el problema en ocho meses, el Observatorio del Agua plantea la cuestión de cómo se puede justificar que 5 millones de personas sufran restricciones de agua, mientras que una cuenca vecina está vaciando embalses para reducir el riesgo de inundación. Esta situación pone de manifiesto el desafío del manejo del agua en un país afectado por el cambio climático y la necesidad de soluciones innovadoras y eficientes para garantizar el suministro de agua a la población.