Reinhold Messner y la conquista sin oxígeno de los catorce ochomiles

El 16 de octubre de 1986, dos escaladores sudtiroleses —italianos de habla alemana— alcanzaron la cima del Lhotse, la cuarta montaña más alta de la Tierra. Para Reinhold Messner, aquella ascensión supuso convertirse en el primer hombre en coronar los catorce ochomiles. Lo logró sin utilizar botellas de oxígeno y, en numerosas ocasiones, por paredes nunca escaladas o mediante rutas que todavía no han podido repetirse.

La empresa se prolongó durante 17 años, aunque inicialmente Messner no la concibió como un reto con principio y final. El recorrido dejó una huella decisiva en el alpinismo, la exploración y la aventura. En 2018 recibió el Premio Princesa de Asturias de los Deportes, compartido con el alpinista polaco Krzysztof Wielicki.

Messner ha publicado además más de ochenta libros, varios de ellos convertidos en superventas internacionales y clásicos de la literatura de montaña.

El Nanga Parbat y la pérdida de Günther Messner

Una travesía marcada por la tragedia

Con 25 años, Reinhold Messner escaló junto a su hermano Günther Messner, un año menor, la vertiente del Rupal del Nanga Parbat, considerada la mayor pared de hielo y roca del planeta. La cumbre fue alcanzada el 27 de junio de 1970.

Aquella escalada, realizada sin oxígeno embotellado, anticipó una de las señas de identidad de Messner. En esos años, los médicos no aseguraban que una persona pudiera sobrevivir durante más que unas pocas horas a esas altitudes.

Los hermanos habían remontado una pared inédita, pero un error de comunicación con el resto de la expedición —se confundió el color de las bengalas enviadas desde el campo base para advertir de cambios meteorológicos— les llevó a ascender con extrema rapidez y sin ropa de abrigo suficiente. Quedaron atrapados en la cima.

Günther sufría graves síntomas de agotamiento y mal de altura. Descender por la ruta de subida no era viable porque no disponían de material de rápel. Reinhold optó por bajar por la vertiente del Diamir, que solo conocían a través de relatos de otros montañeros.

El descenso superó los dos días e incluyó dos vivacs al raso sin el equipo adecuado. Al llegar a la parte baja del glaciar Diamir, Günther se quedó atrás y una avalancha de seracs, grandes bloques de hielo inestable, lo sepultó. Reinhold lo buscó durante horas sin encontrarlo y continuó solo, en estado de shock y con graves congelaciones en los pies. Seis días después de la cumbre fue auxiliado por pastores pakistaníes en la parte baja del valle.

Messner había completado la primera travesía del Nanga Parbat: ascendió por una cara virgen y descendió por otra. Relató aquellas vivencias en La montaña desnuda. La ausencia de Günther se convirtió en una presencia constante en su obra literaria.

Los restos de Günther Messner fueron hallados en julio de 2005, a unos 4.300 metros, en la base de la vertiente Diamir. El hallazgo desmintió las acusaciones contra Reinhold, al confirmar que ambos hermanos descendieron juntos por la misma ladera.

El Manaslu y el inicio de una nueva forma de escalar

Solo en la cima

La expedición austro-tirolesa de 1972 pretendía abrir una vía directa en la gran pared sur del Manaslu. Messner fue el único integrante que alcanzó la cima, el 25 de abril de 1972, en solitario.

Había partido desde el último campo de altura junto a Franz Jäger, pero el empeoramiento del tiempo obligó a este a darse la vuelta poco antes de la cumbre. Messner siguió adelante y realizó la primera ascensión de aquella vertiente.

Después, una tormenta con vientos huracanados golpeó la montaña. Jäger no regresó al campamento de salida. Los compañeros Schlick y Frankhauser iniciaron una búsqueda, pero la ventisca se llevó a Schlick. Messner logró llegar prácticamente a ciegas a la tienda. Los cuerpos de Jäger y Schlick nunca fueron recuperados.

Dos años después de la muerte de su hermano, esa nueva tragedia lo enfrentó a un profundo dilema ético que recogió en Tormenta en el Manaslu.

El estilo alpino como principio

Gasherbrum I, una ascensión ligera

El 10 de agosto de 1975, Messner alcanzó la cima del Gasherbrum I con Peter Habeler. Tras haber escalado sus dos anteriores cumbres himaláyicas por itinerarios inéditos, completó ahora el primer ascenso en estilo alpino puro: una cordada de dos personas que transportaba todo lo necesario desde abajo, sin porteadores, sin campos de altura y sin oxígeno embotellado.

Esta aventura sirvió de base para su libro El desafío: dos hombres y un ochomil.

El Everest sin oxígeno

Messner y Peter Habeler llegaron al Everest el 8 de mayo de 1978, en la primera ascensión de la historia sin oxígeno suplementario. El logro desafió el dogma médico vigente, según el cual el cerebro humano podía sufrir daños irreversibles o incluso provocar la muerte por encima de los 8.000 metros sin O₂.

En 1980, Messner volvió a la cumbre del Everest completamente solo y sin oxígeno, en la primera ascensión de este tipo. Una fotografía de aquella expedición, junto al trípode que había instalado una expedición china para confirmar las mediciones de altitud, se convirtió en una imagen icónica del deporte del siglo XX. Messner no tuvo tiempo de situarse ante el autodisparador de su cámara.

El K2 con infraestructura mínima

El 12 de julio de 1979, Messner coronó el K2 junto al alemán Michael Dacher. Su objetivo inicial era la inédita Magic Line, una vía muy directa por la pared que descartaron debido a las dificultades y al mal tiempo.

La Magic Line solo ha sido escalada dos veces, en 1986 y 2004, y ambas expediciones perdieron a uno de sus integrantes. Messner y Dacher optaron por el Espolón de los Abruzzos: ascendieron sin oxígeno, con una cordada de dos, sin porteadores y con infraestructura mínima, aunque utilizaron algunas cuerdas fijas ya instaladas.

La experiencia dio lugar a K2: La montaña de las montañas.

Una sucesión de ochomiles

Shisha Pangma y Kangchenjunga

La apertura de las cumbres tibetanas por parte de las autoridades chinas al alpinismo occidental permitió a Messner realizar, junto a Friedl Mustchlechner, la primera ascensión en estilo alpino de la cara norte del Shisha Pangma. Alcanzaron la cima el 28 de mayo de 1981.

Con Friedl Mutschlechner, Messner escaló el Kangchenjunga el 6 de mayo de 1982. Abrieron una variante por la cara norte, en estilo alpino y sin O₂. La ascensión confirmó que las tácticas ligeras podían aplicarse también a los tres gigantes más altos del planeta: Everest, K2 y Kangchenjunga.

Tres ochomiles en una temporada

El 24 de julio de 1982, solo dos meses después del Kangchenjunga, Messner alcanzó el Gasherbrum II con los montañeros locales Nazir Sabir y Sher Khan, mediante un ascenso rápido en estilo alpino.

El 2 de agosto de 1982 coronó el Broad Peak junto a Nazir Sabir. De este modo encadenó tres ochomiles —Kangchenjunga, Gasherbrum II y Broad Peak— en una única temporada. El logro modificó el paradigma temporal del Himalaya al demostrar que un alpinista entrenado y aclimatado podía enlazar cumbres en cuestión de semanas.

La narración de ese año quedó recogida en 3 x 8000: Mi gran año en el Himalaya.

La sociedad Messner-Kammerlander

El 5 de mayo de 1983, Messner, Hans Kammerlander y Michael Dacher alcanzaron el Cho Oyu por la pared suroeste, siguiendo una variante de la vía más habitual y de nuevo en estilo alpino. A partir de entonces, Messner y Kammerlander basaron sus expediciones en cordadas de dos hombres, extremadamente rápidas e independientes.

El relato de aquella ascensión fue publicado como Cho Oyu: la Diosa Turquesa.

Las últimas montañas hacia la corona

Annapurna y Dhaulagiri

Messner y Hans Kammerlander alcanzaron el Annapurna el 24 de abril de 1985, tras afrontar en estilo alpino directo la vertiginosa e inestable pared noroeste. Remontar una de las paredes más mortíferas del mundo sin una infraestructura de apoyo continúa considerándose uno de los grandes logros técnicos de aquel periodo.

Más de cuarenta años después, ninguna cordada se ha atrevido a repetir ese itinerario por una pared tan peligrosa, donde la velocidad constituye la única defensa frente al riesgo extremo.

Tres semanas después, el 15 de mayo de 1985, ambos llegaron al Dhaulagiri sin oxígeno. Las dos montañas están separadas por solo treinta kilómetros, pero para la mayoría de los himalayistas sigue resultando inconcebible escalarlas con tan poca diferencia de tiempo.

Makalu y Lhotse: el desenlace

El 26 de septiembre de 1986, Messner subió al Makalu con Hans Kammerlander y Friedl Mutschlechner, en estilo alpino y durante la ventana de otoño. Fue el penúltimo paso hacia los catorce ochomiles y una demostración de que una cordada suficientemente fuerte podía soportar el frío extremo del final de temporada.

Finalmente, el 16 de octubre de 1986, apenas tres semanas después del Makalu, Messner y Kammerlander hicieron cima en el Lhotse. Messner se convirtió así en la primera persona que completaba los 14 ochomiles sin oxígeno, en la mayoría de los casos abriendo rutas nuevas o ascendiendo vertientes que no se habían escalado antes. A ello se sumaban hitos como su ascensión solitaria al Everest en 1980.

El balance de la empresa quedó reflejado en Vencedor de los catorce ochomiles.

Intentos, regresos y otros protagonistas

El recorrido de Messner no estuvo compuesto solo por éxitos. El Dhaulagiri le exigió tres intentos: lo probó en 1977 y 1984, antes de lograrlo en 1985. También intentó el Cho Oyu en el invierno de 1982 y tuvo que esperar hasta mayo de 1983. El Makalu se le resistió en 1974, 1981 y durante el invierno de 1985-1986 antes de la ascensión definitiva. El Lhotse, con el que culminó el reto, ya lo había intentado nueve años antes.

Además de sus primeras ascensiones, firmó algunos de sus logros más destacados en montañas que ya había coronado. Regresó al Nanga Parbat en 1978 para escalar en solitario por la vertiente por la que había descendido con su hermano. Su segundo Everest, en solitario y sin oxígeno, es considerado posiblemente el punto culminante del alpinismo del siglo XX.

También volvió a los Gasherbrums I y II y los enlazó por la arista que los une. Algunas de las cordadas más destacadas del himalayismo moderno intentaron repetir el recorrido sin éxito, entre ellas las de Hámor y Morawski en 2008 y A. Iñurrategi, Vallejo y Zabalza en 2017.

La carrera por los catorce ochomiles

Messner siempre lideró la carrera por completar las catorce montañas más altas del planeta, seguido por el polaco Jerzy Kukukcza, que completó la lista dos años después. Kukukcza utilizó oxígeno adicional en un breve tramo del Everest, aunque contó con menos medios, abrió o recorrió rutas técnicamente muy difíciles —en algunos casos más que las del tirolés— y efectuó varias ascensiones invernales, algo que Messner nunca consiguió.

Messner resumió su valoración con una frase dirigida al escalador polaco: «No eres segundo; eres grande».

Hubo que esperar nueve años para que otro alpinista coronara los catorce ochomiles sin oxígeno embotellado: el suizo Erhard Loretan, en 1995. Juanito Oiarzabal fue el tercero en conseguirlo, en 1999.

La austriaca Gerlinde Kaltenbrunner se convirtió en 2011 en la primera mujer que completó los catorce ochomiles sin oxígeno. Edurne Pasaban fue la primera mujer en completar las catorce cumbres, aunque utilizó oxígeno extra en el Everest, en 2001, y durante el descenso del Kangchenjunga, en 2009. La italiana Nives Meroi fue la segunda mujer en alcanzar todas las cimas de forma natural, en 2017.