El Barça en crisis: una reflexión sobre la derrota ante el Girona y el papel de Laporta y Xavi

La mirada perdida y la verborrea constante de Joan Laporta tras la aplastante derrota del Barcelona ante el Girona, refleja la creciente frustración de los fieles seguidores del club que llevan tiempo viviendo en un bucle de desilusiones. Su imagen, desolada y sombría, habla más que cualquier justificación que pueda ofrecer para explicar los reiterados fracasos del equipo.

El Girona no solo ganó al Barça, sino que lo hizo de manera aplastante, superándolo con una fuerza que dejó al equipo azulgrana tan desolado como un castillo de naipes en ruinas. Mientras el Girona volaba alto, el Barça languidecía, una vez más, sin respuestas y sin esperanzas de mejora.

Los jugadores, una vez más, parecían resignados y abatidos. El técnico Xavi Hernández, ratificado en su puesto por Laporta, señaló a los jugadores como culpables de la debacle, alegando una falta de madurez. Cuando dimitió, afirmó que lo hacía para intentar provocar una reacción en el equipo. Sin embargo, tras la confirmación de su continuidad en el cargo, volvió a señalar a los futbolistas, evitando cualquier tipo de autocrítica.

¿Quién es el verdadero responsable?

Ahora, surge la pregunta: ¿y ahora qué? Algunos críticos dentro del mundo culé consideran que quizás se debería haber esperado hasta el final de la temporada para evaluar el trabajo de Xavi y decidir sobre su continuidad. Ahora, parece que ya no hay vuelta atrás.

Surgen entonces dos cuestiones importantes: ¿debería el club fichar a los jugadores que Xavi pide? ¿Debería vender a los jugadores que Xavi señala? Son decisiones delicadas, teniendo en cuenta cómo puede acabar la temporada para el Barça.

El ambiente es sombrío y el técnico, quiera o no, se encuentra debilitado. Los resultados pesan más que cualquier sueño de futuro o evocaciones a un estilo y ADN difíciles de plasmar en el campo. El proyecto del Barça pende de un hilo y el papel de Deco está siendo cuestionado. Laporta debe buscar personas válidas y capacitadas para planificar el futuro deportivo del Barça y gestionar un equipo descompensado y perdido. La vuelta de Mateu Alemany sería ideal, aunque no parece fácil. Tampoco parece sencillo que regrese Jordi Cruyff, que ya ha demostrado su valía y conoce el Barça mejor que nadie.

Laporta, que lleva años en esto, sabe que también es una derrota. La realidad es tozuda: el Barça no juega como nos habían prometido y está lejos de los títulos que tanto ansía la afición. Para colmo, lo que más frustraba a Laporta era comprobar que el estilo de juego que le gusta lo tiene el Girona de Michel. Es hora de una reflexión seria. Si se sigue improvisando, el Real Madrid podría ser campeón durante diez años seguidos. Y con la llegada de Mbappe, el Madrid podría hacerlo sin despeinarse.